El Gran Clown
El Gran Clown

Recuerdo una secuencia de la película “Muertos de risa”, dirigida por Álex de la Iglesia, en que el personaje interpretado por José Miguel Monzón Navarro, alias El Gran Wyoming, sufría una broma pesada por parte de su compañero de andanzas y una chica que trabajaba de azafata en el “Un, dos, tres”(en la ficción, evidentemente).

La chanza consistía en que unos amigos de la muchacha(al igual que ella, antifascistas) se disfrazaban de policías, entraban en la habitación del Wyoming y le interrogaban acerca de una multicopista y unos panfletos que había bajo la cama, es decir, lo propio de los activistas del antifranquismo en aquellos años tan odiosos.
Bruno, que era el personaje al que daba vida el protagonista de este artículo, se ponía hecho un manojo de nervios y le echaba toda la culpa a la mujer que había ideado la “inocente” burla junto con Nino(Santiago Segura, como muchos sabrán).

Una vez descubierto el bromazo , Bruno no sabe cómo explicar que él estaba seguro de que querían asustarle y/o ponerle a prueba(lo cierto es que se lo tragó todo) y, finalmente, la fémina que tanto le atraía (bueno, también a Nino) le endilgaba un sonoro bofetón tras descubrir la cobardía del tipo con el que horas antes había compartido cama.

La realidad casi siempre supera a la ficción y lo visto hace unos días en “El Intermedio”, de la cadena Sexta de televisión, no sabría yo decir si será falta de arrojo exactamente, pero sí absoluta carencia de nobleza y honradez profesionales.

Este Gran Wyoming(que de grande tiene poquísimo) en diez minutos más o menos, destripó a un colega suyo del mundo escénico que ha tenido la decencia de sacar a la luz algunas verdades que los grandes medios de (in)comunicación corporativos habían guardado bajo llave en la gaveta de la peor mazmorra de la censura. En un breve lapso se mofaron del tropiezo tan conocido de Fidel Castro hace años , hablaron impropiamente de derrocar al Comandante, de la “dictadura castrista”, de la “libertad de expresión” en el Estado español, de la “ausencia” de la misma en Cuba, de la proximidad (por lo demás falsa) de la ultraderecha a la izquierda revolucionaria, de las “lamentables” declaraciones de Willy Toledo, etc.

Hasta se cachondearon del antiimperialismo(que para unos/as cuantos/as negacionistas debe de ser un término totalmente trasnochado). Esta gente tiene un cacao mental de narices, no saben ya, por lo visto, hacia dónde apuntar ni qué denunciar ni defender. Han perdido el norte, y las monedas que sus amos les tiran al suelo los envilecen e idiotizan a más no poder. Son currantes desclasados que, como si viviéramos en los tiempos del No-DO, actúan como voceros de la propaganda oficial, la de la España borbónico-garbancera que no renuncia a pronunciar siempre la última palabra.

Personas como Wyoming y compañía saben que no podemos darles réplica, que levantan muros de contención contra la disidencia sincera, honesta y no sometida a los dictados de quien paga. Pero no cejaremos en el empeño de repetir mil veces la verdad para que no la aplaste la apisonadora de la mentira.

No promuevo una lluvia de tortazos para el “Gran” Wyoming en el sentido físico y literal de la expresión. Las “yoyas” más eficaces (por lo menos en principio) son las del verbo inteligente y consecuente.

Esto que escribo tal vez no sirva para mucho, mas puedo asegurar y aseguro que los motivos que me llevan a hacerlo no me matan de risa. Me matan de… REPULSIÓN.

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