antitauromaquia

 

A lo largo de unas cuantas semanas, he evitado abordar el tema de las corridas de toros porque no quería parecer oportunista y dar a entender que hablaba de ello sólo por subirme al carro de la “moda”.

Pero la atención prestada a algunos medios audiovisuales en los últimos tiempos me ha indignado tanto que no aguanto más las ganas de escribir contra el chovinismo más zafio y contra la más asquerosa de las barbaries.

Todo el mundo sabe hasta el hartazgo que el Parlamento catalán ha aprobado que serán permitidas las corridas en la Comunidad Autónoma sólo hasta que finalice el año 2011.

Pues bien, al margen de que los motivos de la decisión tengan que ver o no con el supuesto antiespañolismo sobre el que muchos hablan sin cesar, el hecho de vetar  la tortura de un ser vivo en un espectáculo circense a la romana debería estar muy por encima de cualquier otra consideración.

Además, el debate que debiera darse en la sociedad española tendría que estar centrado en que los conceptos de “Patria”, “Tradición” o “Solera” son irrelevantes al lado de valores que están en consonancia con un mundo en el que crece una mentalidad ecológica, no necesariamente animalista, y, por consiguiente, contraria al mantenimiento de costumbres que envilecen a los pueblos y evitan que éstos progresen y aporten verdadera cultura al acervo del resto del mundo.

Pues si por las emisoras locales, autonómicas y estatal fuese, no quedaría ni rastro de lucha antitaurina desde los Pirineos hasta la isla de El Hierro, pasando por Ceuta y Melilla.

Así, por ejemplo, en la televisión por cable de Málaga, todas las personas encuestadas acerca de este tema(muy poquitas, por cierto) condenan lo aprobado en Catalunya y proclaman a los cuatro vientos que ser taurino/a  es lo más español del mundo y algo digno de defensa a capa y espada, contra viento y marea, que son/somos cuatro gatos quienes abogan/abogamos por la abolición definitiva de la tauromaquia y que llevan/llevamos las de perder. A este coro se une el Alcalde malagueño, quien ve en la “fiesta nacional” nobleza, elegancia y belleza plástica, aunque no demuestra acordarse ni por un miserable segundo de los pobres cornúpetas. Como ellos no piensan, dirá Francisco de la Torre, no cuentan ni en sueños, vamos.

El locutor del espacio informativo pone cara de complicidad y sostiene categóricamente que para lxs malagueñxs  lo de parecerse a los catalanes ni se lo plantean, ni siquiera para evitar las sevicias que padece el toro de lidia. Se omite, entre otras cosas, que en las pasadas elecciones de 2007, una formación política antitaurina cosechó un número apreciable de votos en la ciudad de La Malagueta. Pero claro, ser “boquerón” y compasivo con los animales que no pronuncian discursos es impensable para los que se declaran portavoces mediáticos de la ciudadanía.

Por su parte, la televisión pública andaluza no está por la labor de revolucionar hábitos y aficiones que tienen por vacas sagradas(y seguimos con los cuernos), inmutables e inalterables.

Corridas a tutiplén en pleno horario infantil están cerca de convertirse en el logotipo de Canal Sur al paso que  llevan, ya que rara es la tarde veraniega en que no nos encasquetan el macabro show de criaturas ensangrentadas, banderilleros, picadores y demás integrantes de una banda de inmisericordes.

De paso, en algún programa como Andalucía Directo, dejan caer algún reportajillo sobre tiernos infantes a los que se anima para que le cojan el gusto a eso de ser verdugos, matadores.

Para redondear el “precioso” panorama ante nuestros castigados ojos, nada mejor que unas pinceladas verbales de figuras como Diego Valderas para que sigamos teniendo fe ciega en los supuestos representantes de la izquierda más coherente en las instituciones de Andalucía.

El pueblo andaluz para Griñán, Chaves, Carmencita Calvo y demás fauna política no debe parecerse a los que bailan la sardana. Los andaluces amamos y debemos amar a los astados… hasta la muerte; para eso hay amores que matan. ¡Qué gran verdad de cajón!

Y si no, que se atrevan a llevarles la contraria a algunos vecinos “piadosos” de Alhaurín el Grande, rincón donde también cuecen habas.

Por la televisión privada he seguido el caso del torico navarro que hizo gala de sus habilidades atléticas y saltó(no al estilo “de la rana”) a las gradas en que parecían gozar de lo lindo unos cuantos espectadores ávidos de enfermiza diversión. Lo más triste de este episodio es que un menor de edad resultara lesionado por la desconsideración de unos padres que no tienen ni idea de lo que es educar a un hijo. Pues ya me dirán ustedes cómo se puede arriesgar la integridad  y la vida de un chiquillo que, para empezar, no debería ser testigo de la insensibilidad extrema de algunos de sus mayores.

Dicho esto, me indigna que nadie desde los medios haya comentado la desesperación del pobre animal que iba a ser sacrificado en el coso con la máxima brutalidad.

No me extraña que otro de su misma especie y tierra(Navarra) haya puesto patas en polvorosa y no aparezca aunque lo busquen vía satélite. Normal, claro.

Permanezco en el norte peninsular y me traslado a las fiestas bilbaínas de estos días. Telecinco, en un alarde de chulería y altivez ridículas, afirma que la gente de Bilbao no emula a la de Cataluña. A orillas de la ría el espíritu hidalguesco campa a sus anchas y no hay más que el que paga su entrada para gritar “Olé, olé!” al carnicero de luces sobre el albero.

Para el régimen hispano-cañí los buenos vascos son buenos españoles, y los buenos españoles cantan y bailan a ritmo de puyazos y estocadas de gracia, salero y poderío. ¡Qué cuadro! ¡Qué cuadro!

Nuestro Código Penal castiga los maltratos contra animales, al menos contra los etiquetados como domésticos. El resto de los bichos(y utilizo esta palabra con cariño, créanme) se pueden ir al cuerno(¡vaya! ¡otra vez la palabra de marras!).

Hasta aquí llega la defensa de la Naturaleza animal de acuerdo con determinados hombres y mujeres de bien que moran sobre la Piel de Toro(no salgo de lo mismo).

Para algunos “enteraos” hay “bestias” de primera, segunda y tercera. Bueno, y hasta sin castas, parias.

De este modo, la mala fama secular que tenemos los españolitos en cuanto a cómo nos comportamos con otros animales( por no hablar de cómo nos comportamos con nosotros mismos) no hay quien nos la quite de encima durante una larga temporada.

Siempre digo que los mass-media que tratan de justificar el sistema son la poción más venenosa que emponzoña las ansias democráticas de las mayorías, pero en el caso que nos ocupa, su odiosa actividad propagandística en pro de la continuidad de las atrocidades contra los toros me impele a formularles las siguientes preguntas:

-Señoras y señores de la prensa: ¿Qué es más obsceno y/o pornográfico? ¿Prohibir la emisión de películas X fuera de la franja horaria o bombardearnos sin miramientos con imágenes propias del cine gore como las descritas por Blasco Ibáñez en “Sangre y arena”?

La perversidad condenable no necesita fronteras. La bandera blanca y verde, la senyera, la ikurriña, nada tienen que ver con el enaltecimiento de canalladas salvajes.

Los medios de comunicación masivos pueden adoptar una postura neutral al tratar la tauromaquia, pero ponerse descaradamente de parte de los bárbaros nos mueve a pedir que les corten no sus orejas y rabos, sino sus malas lenguas.

Su pésimo ejemplo es el peor atentado contra el medio ambiente. Y éste es patrimonio de todxs.

Cantémosles las cuarenta a lxs psicópatas. Por imperativo cívico.

No es una causa perdida.

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