M.A.

Tus palabras forjadas en el hierro muerden las nubes de algodón allá en tus campos.

Mis lirios y tus azucenas cabalgan juntos por las sendas de la libertad, compañero de fatigas

y silencios.

Hoy quiero regalarte un beso de bienvenida renovada y quiero componerte versos de

antiguas palomas enjauladas.

Tu voz resuena en los colegios, en los cabellos de los jóvenes que juegan a ser viento.

¡Ay Marcos! Corazón de potrillo en caballo gigantesco.

¿Qué te dieron los fusiles de los malditos? ¿Qué canción abandonaron las carcajadas de los arroyos?

Muchos años no son muchos en tus ojos de Castilla portentosa.

Arcilla para tus pasos, aroma de risa en tu semblante,

senectud erguida entre tus soles, robusta dicha en tus paseos.

Abuelo de liberados, magnánimo protector de las ánimas luminosas.

¡Anda, Marcos Ana, por las veredas y los patios!

Tus cadenas se deshacen en las guirnaldas de tu era.

Las palabras forjadas en tu lucha se guardan celosamente en la Humanidad entera.

Tus años, querido Marcos, son dignos de la cosecha de unos frutos que no pesan.

¡Respira! Tu tierra, la tierra, tiembla.

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