Últimamente se ha abierto paso la tesis que sostiene que el imperialismo sólo interviene en los asuntos internos de terceros países cuando peligran los intereses económicos y financieros de las grandes corporaciones transnacionales de las potencias dominantes. Las multinacionales del sector energético serían, de acuerdo con esta respetable opinión, las que dieran las órdenes a los gobiernos hegemonistas para iniciar aventuras militares de altísimo coste, sin conceder apenas importancia a las consecuencias medidas en función de las pérdidas humanas.

Pues bien, soy de los que piensan que a veces el orgullo, algunas influencias fijas en decisiones vitales,… en definitiva, la geoestrategia condiciona los pasos dados en política exterior. Muy por encima de los otros factores.




LIBIA


Comenzaré remitiéndome a los acontecimientos que han venido sucediéndose ahí desde hace pocas pero intensas semanas. La nacionalización de los hidrocarburos propuesta por Gadafi al Congreso popular libio pudo haber provocado recientemente la escisión interna no entre gobierno y pueblo, sino dentro del primero, por una parte, y dentro del segundo, por otra. La excusa para una invasión “humanitaria” conjunta, encabezada por Estados Unidos, estaría a la vista de cualquiera. Pero nadie debería olvidarse de que otro objetivo del Imperio y de sus secuaces sería convertir un territorio relativamente cercano al Sur europeo, y no muy alejado del Próximo Oriente, en una nueva base naval de la NATO. Nos hace pensar en que las ambiciones de los guerreristas no se limitan a hacer de Libia una colonia petrolera.

Jim Lobe (www.lobelog.com) decía en la segunda semana de marzo que el Consejo de Cooperación del Golfo (del que hablaré después) y los cabecillas de los grupos rebeldes libios han llegado a pedir para su propio Estado la creación de una zona de exclusión aérea. Asegura el analista Lobe que esto es algo ineficaz porque la mayoría de los muertos en el país norteafricano han caído por la acción de fuerzas terrestres y helicópteros de bajo vuelo, no a causa de la aviación de guerra. En cualquier caso, me permito preguntarme por las evidencias de los ataques, pues ningún documento audiovisual, que yo sepa, deja constancia de ello.

Tengo muy claro, gracias a fuentes que considero fiables, que la mayoría de la población civil libia y del ejército está con Gadafi. Y si hasta la fecha se ha detectado que miles de personas huyen de la zona, no me cabe duda de que las motivaciones son comprensibles, ante el temor nada infundado de otra barbaridad como la última de las Guerras del Golfo o el moderno Vietnam afgano. Se piensa en una especie de “estampida” humana que podría buscar refugio en tierras europeas. Esto sí le preocupa a un sector significativo de la UE de tendencia xenofóbica.

En Washington, el lobby sionista, que no ha dejado de demostrar que es el que impone la política estadounidense con respecto al Medio Oriente, se ha dado en un principio mucha prisa a la hora de “recomendar” el uso de la fuerza para solucionar el conflicto. Sin embargo, el Secretario de Defensa Robert Gates dijo que alguien tenía que estar chiflado para meter a EEUU en otra guerra más cuando la superpotencia( decadente, esto lo añado yo) se encuentra empantanada (también lo digo yo) en los ya citados Afganistán e Iraq.

Es evidente que el presupuesto militar de USA no puede permitirse más dispendios y fracasos. El pueblo norteamericano (la primera víctima de su Gobierno) no aguanta más, y los movimientos en Wisconsin y Ohio solamente constituyen el punto de arranque de lo que está por llegar.

¿Que por qué el grupo o los grupos de presión sionista/s aboga/n por los bombardeos y la ocupación? Pues por lo de siempre, por querer estrangular a un régimen o modelo contrario al genocidio sistemático y al expansionismo del ilegítimo Israel. Hablaré de nuevo más adelante sobre este detalle.

ARABIA SAUDÍ


Es el mayor y con más fiabilidad suministrador de petróleo a Estados Unidos. Más que cualquier otro en que seamos capaces de pensar.

En este reino peninsular no existen formaciones políticas ni procesos electorales. El Rey es un cargo electo, pero únicamente por los miembros de su Familia. A partir de ahí se decide quiénes serán los líderes religiosos de la nación. Lo son concretamente los miembros del Consejo de Ulemas, quienes adoptan las resoluciones más importantes que afectan al Estado, cuya ideología oficial es el salafismo. En virtud de ella las mujeres tienen prohibido trabajar, casarse u obtener el permiso de conducir. El wahabismo (una denominación errónea de la metodología Salafi) nació como corriente reformista en Egipto, mas acabó beneficiando políticamente a la dinastía Saud.

No hay pocos observadores que creen que la línea de los Al Saud, gobernante desde 1932, tiene fecha de caducidad. Lo que pasa es que la cosa parece poco materializable, a pesar de que ha ido creciendo el descontento popular. El pueblo exige mucho más que reformas-maquillaje al actual monarca Abdullah ben Abdelaziz y a los “doctores” de la ley islámica saudíes.

Abdullah es un señor de carácter desenfadado y cordial; por eso no es un mal diplomático y mantiene excelentes relaciones incluso con un mandatario de la talla de Hugo Chávez. Los hijos del rey saudí (que son innumerables, como los de una camada) han sido con asiduidad portadas de revistas en papel couché. Las del colorín, vamos. La prensa burguesa occidental ha querido darle a esta gente una capa de glamour (como si fuera barniz), sorteando como ha podido la crítica cuestión de los derechos humanos en la arábiga nación. Cuando se trata de hacerle la pelota a la Ranita (= Rania) de Jordania no se quedan muy atrás. Y eso que la patria de Abadalá II  es otra que tiene miga por su autoritarismo, entre otros “alicientes”.

A finales de 2007 el sociólogo estadounidense James Petras escribía para Globalresearch.ca que George W. Bush quiso vender a Arabia Saudí (adjetivo menos afrancesado que “Saudita”) armamento por un valor superior a los 20000 millones de dólares. Pero Petras destacaba que la llamada por él Configuración de Poder Sionista (ZPC, en sus siglas en inglés) bloqueó la propuesta comercial y consiguió para Israel 30000 millones de dólares para el período 2007-2017.

Parece mentira que el ejército saudí, el cual depende enteramente de la protección militar yanqui, se viera bloqueado por la maquinaria bélica más temible y compleja del Próximo Oriente: el Estado israelí. Los árabes tienen unas fuerzas armadas chapuceras y tirachinescas, de traca. Y ahí están los malvados sionistas con más dinero recolectado y reafirmando que por delante de ellos nada es superior en relevancia. Por eso estoy convencido de que la agresión a Iraq en 2003 buscaba, más que suculentos beneficios para las petroleras ladronas, incordiar e intimidar al antisionista ( no antijudío) Irán.

Si las revueltas que en este primer trimestre han abundado en Arabia Saudí llegaran a tomar un cariz especialmente serio, harían acto de presencia, sin ningún género de duda, casi la totalidad de Europa y USA. Bueno, Europa intervendría a remolque del Pentágono. El escenario previsible sería semejante al que vimos entre 1990 y 1991, a raíz de la “invasión” iraquí de Kuwait.

BAHREIN


Este pequeño conjunto de islas del Golfo Pérsico ( o Arábigo, como elijan llamarlo) firmó en 1981 un tratado de defensa con su vecino saudí ( al que se halla unido por la Calzada del Rey Fahd) y entró a formar parte del Consejo de Cooperación del Golfo. Esta organización regional, entre cuyos miembros existe una unión aduanera, la forman Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Yemen no integra este bloque.

En la década de 1990 cerca de 30 personas fueron detenidas en Bahrein acusadas de tentativa de derrocamiento de la monarquía absolutista para instaurar una república islámica. Persia fue acusada de este plan abortado.

Es difícil encontrar en los diccionarios enciclopédicos y en los rotativos más conocidos la verdad sobre lo que ocurre, desde la óptica político-social, en este monarquía que hiede a feudalismo. Se insiste con frecuencia en que, tras la muerte en 1999 del emir Isa ben Sulman al Khalifa, su hijo y sucesor Hamad ibn Isa Al Khalifah impulsó una transición democrática en Bahrein.

En realidad, esto no puede ser más incierto. Baréin es aún un Estado autoritario en que la mayoría shií continúa tiranizada por la minoría sunní. Bajo el pretexto de que este archipiélago vive “amenazado” por Irán, los no fuertes países del CCG hacen piña alrededor de Manama. Aunque Teherán no desea anexarse las islas bareiníes. Lo único que hace es refrescar memorias cuando dice que algunas de dichas islas fueron un día provincias persas.

Hace un mes, Obama habló por teléfono con el jefe del Estado bareiní para trasladarle la necesidad de ejercer la contención, después de la violencia con la que las fuerzas del “orden” habían reprimido las manifestaciones opositoras. Los manifestantes se echaron a la calle por estar hartos de los privilegios de la población sunní y el segregacionismo demográfico del Gobierno.

Es Bahrein una pieza clave para prolongar la ocupación de Irak y preservar otras dictaduras petroleras del área. El Presidente Barack quiere dar a entender que la estabilidad del pequeño reino depende de correcciones políticas y de nada más. El taimado casablanquero mima con todo su empeño a la nación que alberga el cuartel general de la V Flota estadunidense. No lo confiesa abiertamente. Ni falta que hace.

El 14 de marzo de este 2011 un millar de soldados saudíes y, como mínimo, 500 policías de los EAU (Abu Dabi, Dubai, etc.) entraron en Bahrein para reprimir a las personas que habían protagonizado protestas masivas antigubernamentales. Hacia la última semana de febrero, la monarquía bareiní parecía tender la mano a la oposición, pero todo se fue al traste. No podía esperarse otra cosa.

Finalmente, el 15 de marzo, ayer mismo, el rey Hamad decretaba el estado de sitio por tres meses.

EPÍLOGO


Con tanta tensión e inestabilidad, con revueltas naturales o artificiales, estamos en condiciones de anticipar que la cotización del petróleo trepará y trepará. Si la situación en la Península Arábiga se agrava, el precio del barril de crudo alcanzará un nivel muy preocupante en pocas semanas. Quizás 150 $ U.S. En un mundo que todavía depende en exceso de los combustibles fósiles la consecuencia más apreciable sería, puede que me equivoque, una recesión profundizada. El oro oscuro es la fuente primordial de ingresos para un grupo de países en desarrollo que podrían llegar a reasignarle a la OPEP su papel de reguladora efectiva de los precios petroleros. Esto perturbaría sobremanera a las naciones enriquecidas (a costa de las demás, básicamente), partidarias siempre de obtener carburante barato, exigido por las indómitas sociedades consumistas.

La conclusión que alcanzo tras este análisis y repaso de datos es que se equivoca en una medida grande quien se crea el cuento de que los que desvirtúan las enseñanzas de paz, amor y humanidad contenidas en el Alcorán para ejercer de déspotas e impedir el progreso son un estorbo para Washington y sus aliados. Los guijarros en los zapatos del Emperador son los modelos nacionalistas, soberanistas y laicos que no se dejan (neo)colonizar ni manejar como si fuesen peleles.

A. Saudí, Bahrein, Yemen, los emiratos que parecen satrapías,…  son mantenidos por el Tío Sam y el Papá del Tío, el de la Estrella de David, para asegurar las ganancias de los que nunca se atiborran, así como para proteger y supervisar rutas mercantiles de primer orden, funcionales a la estrategia y a las tácticas de control mundial de los factores de producción proporcionados por la naturaleza. La codicia material se une idealmente a los intereses geoestratégicos.

Libia ( ignoro qué pasará con Qatar) no está en guerra civil. Está en el ojo del huracán por haberle sacudido el polvo al Libro Verde, guía donde las haya del más genuino socialismo árabe y panarabista.

Al futuro no hay que mirarlo ni con optimismo ni con pesimismo. Sencillamente es impreciso ¿o no?

Que las voces disidentes de los infundios oficiales sigan haciéndose oír.

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