Creo en un solo Martillo, Instrumento inflexible ,

Sanción contundente contra bestias impías,

Pena permanente para artífices de tormentos.

Creo en un solo pueblo, el Pueblo,

Hijo único del Padrastro castrador,

del Espécimen que domeña voluntades a placer.

El Pueblo es Poder de Gentes, Cordero inmolado por Avaricia,

ninguneado, no aceptado,

de naturaleza opuesta a la del Padre impostor,

a la del Fantasmón por quien todas las canalladas fueron continuas y cohonestadas;

Padre que en nuestro nombre enterró en vida las legítimas perspectivas,

y que con nuestros sufragios se hizo trajes de carnes despedazadas;

que por medio de colmillos ambarinos

trituró consignas, banderas y pancartas, y se hizo Caníbal contra Nosotros.

Por nuestra confianza permanece con pies de barro endurecido;

y tendrá que hundirse bajo el peso irreversible

de los himnos de los convictos.

Y habrá de diluirse en el recuerdo acre

de la insurgencia sin tregua.

Creo en la Voz de Voces,

Forjadora de propósitos invulnerables;

Voz flameante originada en las médulas,

que recibe respuesta en reverberación maciza,

que grita hablando en sigiloso estrépito por Todos y para Todos,

en Honor de Todos.

Creo en la Grandeza que escolta al Amor Propio.

Dignidad colectiva, baño de Masas en su mismo Empíreo.

Confieso que aborrezco los Imperios,

que viven para anémica satisfacción de pusilánimes acorazados.

Espero la Equidad distribuida con tino

en cada Hogar de nuestra Tierra;

y espero la consagración de la Locura

como fuente eficaz de Homenajes en progresión.

Sea así.

VERSIÓN EN AUDIO DE ESTE POEMA EN
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