La Presidenta de Castilla-La Mancha es la protagonista del 89% de las fantasías sadomasoquistas del 98% de los varones españoles de entre 12 y 79 años, así como del 48% (casi la mitad, ahí es nada) de las del 39% de las mujeres de la misma nacionalidad de entre 20 y 70 años.

Son datos suministrados por la prestigiosísima Universidad de Yaren, en la capital de Nauru, famosa por la excelencia de su personal docente e investigador, fama que ha dado la vuelta al mundo hasta provocar mareos, con las consiguientes vomitadas. Estas cosas pasan por viajar en clase turista con compañías aéreas de tercera y, encima, aconsejados por agencias de viajes de cuarta. Me refiero al circunviaje ¡ojo! No vayan a pensar mal.

Bien, a lo que íbamos, las declaraciones públicas ante los medios de comunicación de masas, en ruedas de prensa o en plazas de toros de la España profunda y de la que asoma el hocico (como si fuera un mojón, ya me entienden) han motivado a un número escandalosamente elevado de españolitos/as a practicar autoerotismo con imágenes de la carismática pepera, que aparece en estas ensoñaciones vestida con cuerazo negro, antifaz de toda la vida y látigo de galeras en mano. Prácticamente todos/as los/as entrevistados/as aseguran excitarse especialmente con la idea de ser amordazados/as, maniatados/as, esposados/as o encadenados/as en el transcurso de las mencionadas pajas mentales y corporales.

Al parecer, de acuerdo con los científicos, los sociólogos y el personal de limpieza de la ilustre institución educativa de la Micronesia, este fenómeno social y masivo, de fuertes connotaciones freudianas, podría tener su origen en la confusión entre corrección e incorrección políticas, o en la esquizofrenia que caracteriza a sujetos que reciben hostias a tutiplén y que luego confiesan ante encuestadores que depositarán las papeletas equivocadas en las urnas.

Esta situación o actitud podría verse acrecentada tras la presencia de la jefaza pepera en Úbeda, provincia de Jaén, Andalucía y olé (o sin el olé). En la bella y renacentista ciudad, la Cospe va a provocar, probablemente, sentimientos e impresiones contradictorios entre la vecindad del municipio jaenero. Esto, unido a los sondeos preelectorales que confirman, sin muchas dudas al respecto, que los buitres genoveses volarán sobre el Hospital de las Cinco Llagas y sobre San Telmo a partir del 25 de marzo, explicaría la obsesión sexual de andaluces, en particular, y españoles, en general, con la dama que tan “buena” escuela está creando en tierras quijotescas.

El señor que ha dirigido y coordinado la sesuda investigación, el doctor Memok Deningunmodok, debería analizar, en un futuro cercano, posibles y medio surrealistas relaciones entre las preferencias de los electores, las manis antirreforma laboral en España y los shows que protagonizarán, digo yo, los indignados de aquí al comienzo de la primavera y durante una temporadilla.

El caso es que se instala entre los individuos objeto del interesantísimo estudio una propensión a imaginarse a sí mismos inmovilizados, azotados, fustigados, escupidos y con los pezones retorcidos por doña Dolores, quien, en este mundo de realidad virtual, haría un significativo honor a su nombre.

El trabajo universitario, el cual, indudablemente, cosechará, no sé si aplausos y plácemes, pero algo ¡seguro!, concluye con la añadidura de otro dato, contrastado y detectado con motivo de la indagación principal. Se trata de un segundo puesto en el ranking de perversiones (porque dado lo que hay no puede haber otro nombre) de la ciudadanía española, ocupado nada más y nada menos que por la superlideresa de la Comunidad Autónoma de Madrid, de la que esperamos que no se entere de nada, cosa que no nos sorprendería, y que no arme un pifostio de cojones a causa de la amarga (y estúpida) noticia.

El universo del erotismo onírico es más raro que un perro verde entonando un tema de José Luis Perales en una catedral. Pero considero preocupante que haya tanta peña suelta incapaz de marcar bien la frontera entre el placer y el suplicio. No está lejana la Semana de Pasión, pero, por favor, no paganicen lo sagrado hasta el punto de pasar buenos ratos a costa y a la “salud” de una tía que encasqueta unas leches del copón en la realidad real.

Acabé. Me marcho a arrojar hasta las primeras gachitas.

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