Con su Premio Iris 2012 parece haberse creído sus cuentos, ases de la lid contra la deontología elemental.

Y no la llamo “Ana”, porque la muy ignorante se sintió molesta cuando el Presidente del Ecuador, Rafael Correa, no se dirigió a ella nombrándola así en una entrevista que esta “periolista” le hizo en su último programa de desayunos indigestos que tenía en TVE, la cadena que la ha puesto de patitas en la calle por considerarla, según dicen los que nunca se enteran de nada o lo simulan, demasiado “progresista”. Aunque ni siquiera esta morrocotuda mentira es el argumento aducido por los que se han encargado de prescindir de los servicios de la Pastor, ya que todo se trata, como explicaré, de otra variante de lo del mismo tuso con los diferentes aros.

Como ya tuve tiempo de decirle en su propia cuenta de Twitter, Ana podría dedicarse a labores en los platós bien distintas de las relacionadas con el importantísimo mundo de la comunicación. Lo curioso es que, aunque adjunté en mis tweets videos en los que se ponía de manifiesto su casi absoluta falta de profesionalidad en el campo informativo, poco tiempo después de hacerlo comprobé que en su cuenta del sitio del pajarito azul había destacado el material audiovisual con que “adorné” mis críticas hacia su trabajo. No voy a molestarme en ver si esos videos siguen estando disponibles o no en su cuenta del conocido servicio de microblogging. Y no voy a repetirle a la interfecta que la deshonestidad no merecerá nunca un galardón.

Lo que sí voy a hacer es volver a desenmascarar a los personajes que van diciendo por ahí, entre ellos la propia (in)comunicadora, que a ésta no se le puede reprochar su seriedad, objetividad y rigor a la hora de emitir las noticias de mayor interés para la sociedad española en su conjunto.

Ni en “59 Segundos (inmundos)” ni en los “Desayunos de TVE (Te Voy a Expectorar (bolas/trolas), la supuesta representante del buen hacer periodístico ha demostrado otras cosas que no hayan sido hacerle la pelota al régimen borbónico capitalista español, a las obras y desgracias de la OTAN y sus “humanitarias” misiones, lanzar dardos contra Gobiernos y opciones políticas extranjeros opuestos a plegarse a los intereses imperialistas o conceder entrevistas a algunos de sus compañeros “ilustres”, que lustre sacan a las botas del sistema que les da de comer, para poner a caldo, con sofismas y otras triquiñuelas demagógicas, a países y líderes a los que que los poderosos del mundo descalifican sistemáticamente para que no cunda entre los desorientados y/o desesperados españolitos de a pie ni los buenos ejemplos ni la necesaria esperanza.

Ana Pastor va medio llorando por las esquinas diciendo que su presencia era incómoda a los ojos de los peperos gobernantes que han sucedido a los “socialistas” anteriores. Se empieza a anunciar que la misma suerte de la joven defenestrada van a correr otros divulgadores y difusores de la cadena que poco o casi ningún servicio público presta.

Como no podía ser de otra forma, las principales agencias de prensa tratan de dar a entender a los receptores del mensaje sobre la mentada destitución que nos hallamos ante un nuevo ataque a la libertad de expresión, información, opinión y blablablá. ¡Y un jamón!

Nos encontramos realmente frente a otra emboscada del unibipartidismo hispánico de inspiración yanqui. Ultraderecha tras derecha, tras ultraderecha, y así sucesivamente. Eso es lo que hemos tragado, seguimos tragando y tendremos que tragar a corto y medio plazo.

En el terreno del periodismo, las cabezas cortadas son falsos símbolos, salvo muy pocas excepciones, de martirio en pro de la causa de la veracidad informativa, al margen de presiones políticas, económicas y corporativas. Los herederos del trono de la manipulación, tergiversación y del arte de despistar al máximo número posible de personas y grupos serán mucho peores que los que los han precedido. Pero exactamente por eso, nadie que conozca los trucos y las malas artes de Falsimedia podrá negar que la senda trazada por los que han hecho de un derecho constitucional una suerte de Inquisición restaurada constituye una evidencia de que en el Estado español todo continúa cambiando para que todo permanezca igual.

Así que, Ana, déjate de lágrimas de cocodrilo y admite de una vez por todas que te espera un brillante porvenir en cualquier tugurio mediático en el que el patrono se esfuerce denodadamente en conseguir que el siervo no piense por sí mismo, sino que piense como el que lo explota con alguna que otra sonrisa paternalista.

Sin revolución mediática no hay ni inicio de renovación social.

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