Si les llegan a proponer una exaltación del anticomunismo y del antisionismo habrían puesto el grito en el cielo y habrían exigido, con amenazas incluidas si hubieran hecho falta, una condena rotunda y de pretendida aceptación universal de todo lo que “apestase” a revolución de inspiración marxista y a defensa “antisemita” de los derechos del pueblo palestino.

Pero el nazismo es sacra palabra para ambas naciones. Comprensible. Puede haber capitalismo radical sin fascismo evidente, pero todos los fascismos son incapaces de subsistir sin capitalismo medio en la luz, medio en la sombra.

Hay quienes sostienen que Canadá es la cabeza del Gran Mickey Mouse Yanqui, ese ratoncito que, de simple dibujo animado pasó a ser antipático símbolo de la colonización y el expansionismo estadounidenses, y no sólo del acoso cultural al que los distintos apéndices de Washington someten a la mayor parte de este mundo de decadencia globalizada.

Nunca USA quiso salvar a Europa de esvásticas pisoteadoras, sino conjurar la influencia soviética sobre las clases trabajadoras del Viejo Continente. Por eso el Gobierno usamericano se apropió de los más conspicuos y valiosos cerebros nazis, y lo hizo detrás de la cortina de humo de los hipervalorados Juicios de Nuremberg.

El nazifascismo se apunta, o se quiere apuntar, ahora otro tanto “moral” en medio de un neoliberalismo e imperialismo tan difamados como reacios a prestar sus oídos a la Razón y la Justicia.

Esto es lo que nos cuenta Russia Today:

La iniciativa se vota en la Asamblea General anualmente desde el 2005, ya que cada año se registran en Europa nuevos ejemplos de propaganda racista, de reuniones y marchas de memoria a los ‘héroes’ de una u otra división de las SS, de profanación de los monumentos elevados en homenaje a los que lucharon contra el nazismo durante la II Guerra Mundial. Este año la autoría del documento ha sido compartida por 42 países.

La resolución, adoptada por la mayoría aplastante de los Estados miembros, condena en especial los eventos en honor de los nazis en Estonia y Letonia. Las acciones semejantes, se dice en el texto, “profanan la memoria de las víctimas innumerables del fascismo”, impactan negativamente a la generación joven y no son compatibles con las obligaciones de los Estados miembros de la ONU.

Desde el inicio del trabajo sobre el proyecto, sus coautores intentaban hacer el texto lo más equilibrado posible, afirmó el representante de Rusia en la Asamblea. Sin embargo, la actitud de EEUU no ha cambiado respecto a las primeras votaciones, realizadas bajo la presidencia de George W. Bush.

Léase además:

http://www.soberania.org/Articulos/articulo_275.htm

http://www.voltairenet.org/article120080.html

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