pesadillesca navidad

Con más insatisfacción, frustración y represión.

Miles de médicos en la Comunidad de Madrid se alzan legítima y necesariamente en contra de la privatización sanitaria a la que el Gobierno regional quiere condenar y condena a aquellos que no pueden costearse lo que de derecho pasa a ser, por causa de un proceso degenerativo, una mercancía en manos que desconocen los escrúpulos. La protesta masiva ha llegado hasta las mismas puertas de la Consejería de Sanidad autonómica.

Mientras tanto, en la capital de dicha Comunidad y de todo el Estado, Mariano Rajoy, franquista neoliberal incorregible, mostraba más preocupación por el pacto de gobierno catalán entre Ciu y ERC que por asuntos sanitarios, y hablaba de supuesto anacronismo en las propuestas de algunos pueblos que , por pequeños que sean o parezcan, quieren dejar de estar en el interior de peces mucho más gordinflones. Claro está que a Mariano y su troupe, e incluso a algunos/as de su “oponente” PSOEZ, les convence el rollo de la globalización, y en eso son algo esquizoides, pues de poco sirve proclamar un pertinaz españolismo cuando Washington, Bruselas o Berlín atentan contra la soberanía de una España de mantequilla, derretida por continuas agresiones económicas y sociales cometidas por terceros con ayuda de los caciques de casa o “de casa”.

El año de los desahucios, con una media de 500 familias en la calle por impagos hipotecarios, va a terminar como empezó y se desarrolló. Ni entidades financieras ni Ministros ni Diputados se han creído sus propias bolas, consistentes en decir que iban a frenar un poco esta ola dramática e inhumana. En Donosti, miembros del colectivo STOP DESAHUCIOS entraron airados en una sucursal bancaria. Por desgracia, para los inmisericordes que no saben ya qué hacer con tanta vivienda vacía y que no se vende, este episodio no es más que una anécdota que no detendrá previsiblemente diluvios de lágrimas, huelgas de hambre o suicidios.

Y el caso de Bankia va en la misma línea, ya que no son pocas las personas que han perdido hasta las indemnizaciones que les correspondían como víctimas directas o indirectas del terrorismo que ni ETA ni ninguna célula islamista cometieron el 11 de marzo del año 2004.

En definitiva: no sé si el Rey de la España posfranquista y enfangada tendrá valor para pronunciar su tostónico y falso discurso navideño anual; ese discurso que provoca en millones de sus súbditos indigestiones durante la cena de Nochebuena. Por cierto, más que nunca este año podría prestársele una pizca de atención a Juan Carlos desde algún comedor social que logre dar abasto a la demanda.

Esta es la Españita, borbónica/bubónica, en que nos ha tocado vivir hasta que nos vayamos, nos echen o nos muramos. Siguen mandando los mismos, a su vez mandados por otros y que no gobierna, rigen u obran por o para nosotros, sino contra nosotros.

Y lo que es peor todavía, y es duro decirlo: gracias a nosotros.

¡Infeliz Navidad y pésimo Año Nuevo! No es un deseo. Sólo un vaticinio, aunque el Destino no exista.

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