quantum physics

He llegado a despertarme temprano con la intención de ver un sol enloquecido escupiendo fuego contra otras estrellas. Estrellas menores que llevaban escrito un reguero de sangre concebido por la fatalidad.

Sin embargo, el firmamento no era una explosión cegadora de bombillas de hielo y piedra ni pudieron romperse mis tímpanos por el parto estruendoso de esferas reventadas.

Convoqué al futuro antes de tiempo, y precipité acontecimientos a medias descifrados por sacerdotes herederos de miradas perdidas en la inmensidad de lo absurdo. Convoqué al porvenir, y se presentó discreto, camuflado por su mutismo asfixiante y su rostro imperturbable de anciano milenario.

El reproche del Padre Anunciador sí que fue sonoro a lo largo de mis sentidos. De alma y calcio el cosmos humano se compone. No hay espejos que den fe de espíritus reflejados bajo pieles derrumbadas tras un cataclismo.

Pregunté por vosotros al aire sin oxígeno, que permanecía entre invisibles escombros. La fría salutación inversa a mis ojos sin retina ni memorias contestó por boca de la ausencia de redenciones inesperadas.

¿Quién era el Dios de los purgatorios prohibidos, los cielos encadenados y los castigos sin derecho a réplica? ¿Por qué todos me dejasteis solo en medio de estas partículas que aparecen y desaparecen con y sin la intuición?

Ahora sé lo que sucedió y el porqué de vuestra no-respuesta. No sé si merece la pena ser sobreviviente en esta esquina de ningún lugar exacto, o en esta bolsa de vacío donde apenas si confío en que se alumbre otro universo.

No hay descenso pensable a los Infiernos, pues sólo hay un camino que conduce a ellos. Y tal destino se alcanza únicamente ascendiendo.

Pero ni con eso sueño en esta incertidumbre de diálogo exclusivo con mi fatigada conciencia. Será porque es penoso tanto descansar.

Anuncios