el dos mil trece

 

Amanece con el escaso brillo

funesto y repelente dos mil trece;

promete de antemano el amarillo

metal con que el opulento se crece.

 

Atardece la paciencia y no humillo

a la voz que en tormenta reverdece;

guadaña acompañada del cuchillo

pide al gran Sol la energía que ofrece.

 

Anochece el combate que no siega

el cuello del que exige sacrificio;

a veces es precisa la fe ciega.

 

Y es preciso que vuelva el precipicio

a cuyo borde el opresor se entrega,

para dar paso al novedoso inicio.

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