dilma y hugo

He traducido al castellano la opinión que el reconocido periodista brasileño Mauro Santayana, de “Jornal do Brasil”, tiene del difunto líder bolivariano, acerca del cual habla de sus facetas humana y política, destacando su innegable y crucial papel en el despertar reciente de los pueblos de la América Latina en general.

“CHÁVEZ Y NUESTRA AMÉRICA” (6 de marzo de 2013)

Oficial de las Fuerzas Armadas de Venezuela, Hugo Chávez conocía la historia de su país, y se convirtió en intransigente devoto cívico de Bolívar. Su sueño, como el de él, era unir a América Latina bajo una sola bandera. Esta ha sido la utopía de muchos líderes continentales: juntos, nuestros países serían capaces de resistir cualquier intento de dominación extranjera.

El Presidente de Venezuela tuvo una visión intuitiva del Estado, pero sería una locura no reconocer al líder político excepcional. Cuando en Santiago (de Chile), el Rey de España se dirigió a él con la insolencia conocida, insultándonos a todos, Chávez podría haber respondido a la misma altura, diciendo que no se callaba, porque representaba a los pueblos de América ocupados, explotados y diezmado vilmente por los nobles de España (y no por su pueblo), desde su llegada a nuestro Hemisferio, con armas de fuego y mentiras. Los españoles de hoy, asociados con los portugueses, creyeron, hasta que la crisis cayó como una piedra sobre la cabeza, que podían, astutamente, reemplazar a los anglosajones y recuperar el antiguo Imperio de Carlos I y Felipe II.

Nuestra historia ha sido de confrontación permanente entre los patriotas y los vasallos y arrendatarios de los colonialistas, que con ellos se asocian para saquear los recursos naturales y explotar a nuestros trabajadores. Chávez recuerda a otros grandes héroes, como Bolívar y sus contemporáneos, procedentes de las filas militares, y a los siguientes, casi siempre procedentes del pueblo trabajador. Es una sucesión razonable de valientes combatientes, desde Túpac Amaru, Benito Juárez; desde Juárez a José Martí; desde Martí a Emiliano Zapata; desde Zapata a Sandino; desde Sandino a Don Óscar Romero de El Salvador. Por no hablar de nosotros los brasileños, desde Tiradentes hasta Vargas.

Chávez, quien murió ayer por la tarde en Caracas se levantó contra el gobierno corrupto de Carlos Andrés Pérez, hace 21 años, cuando aún no había alcanzado los 40 años. Fracasada la insurrección, preso y amnistiado, dejó las filas y dio comienzo al movimiento democrático que lo eligió y reeligió, a pesar de la feroz oposición de las oligarquías, financiadas y dirigidas por las multinacionales, los banqueros y por los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

El ex Presidente venezolano fue visto como un populista, pero la palabra tal como la conocemos, es ambivalente. Se puede identificar con ella a un líder demagogo vulgar o realmente preocupado por la mayoría de sus compatriotas, que trabajaban duramente para ganar apenas lo suficiente para sobrevivir, desnutridos, que vivían en barrios marginales, bajo la violencia, sin atención sanitaria, y, lo que es peor, sin esperanza. Chávez, sin violar las reglas democráticas, y haciendo uso de los recursos del país, les ofreció pan, esperanza y dignidad.

Al igual que el mítico Cid Campeador, cuyo cadáver fue atado a la silla de su caballo, y ganó la batalla de Valencia en 1099, Chávez seguirá comandando a sus seguidores, y todavía por mucho tiempo, mucho más del que esperan, o del que desean, sus enemigos.

Texto original en portugués, en la web del autor del artículo: http://www.maurosantayana.com/2013/03/chavez-e-nossa-america.html

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