MENTIRAS SOBRE COREA

En esta última semana y pocas jornadas más la sensacionalista prensa mundial, mayoritariamente al servicio del imperialismo, juega a (des)informarnos sobre lo que concierne a la tensión existente en la península coreana, objeto de codicia de Sur a Norte para Estados Unidos, desde que acabara formalmente la Segunda Guerra Mundial.

Tras la conquista y la dominación del archipiélago japonés, el poderío militar yanqui se hacía con el territorio de la hoy llamada República de Corea, y desde tal plataforma emprendía una brutal empresa bélica que “culminaría” en 1953, con la división de un mismo pueblo en dos naciones que, lejos de estar hoy en un fraternal proceso reunificador, vive momentos de conflictividad militar no provocados por la RDPC, auténtico fuerte de resistencia antiimperialista, el socialista Estado asiático que se opone con firmeza a los planes geoestratégicos usamericanos, planes de control total del Pacífico Norte, como se sabe o se puede sospechar.

El camarada Alejandro Cao de Benós, armado de infinita paciencia, explica una y otra vez a los grandes medios de comunicación de masas occidentales la verdad acerca del modelo político y socioeconómico de Norcorea, mientras que dichos medios, con distintos matices, continúan empeñándose en contarnos la historia al revés para que nos caigan requetebién los “buenos” y fatal los “malos villanísimos”. Hasta tal punto potencian la propaganda prosurcoreana, que alguna muy conocida cadena musical española dedica programas especiales a la evolución del pop en Corea del Sur, la Corea “guay, moderna y molona”.

En realidad, el hecho de ofrecer una imagen dulzona y simpática del país títere con capital en Seúl no hace sino mostrarnos de algún modo el grado de colonización cultural a que Washington y sus satélites han sometido a un Estado de salvaje capitalismo e identidad confusa, después de seis décadas de falsas independencia y soberanía.

Los revolucionarios de cualquier parte del planeta no debemos dejar de solidarizarnos incondicionalmente con la causa norcoreana, que no es otra que la de la evidencia más rotunda de que la Humanidad puede y sabe organizarse en contra de la hegemonía capitalista predadora, incapaz de respetar nada, no dispuesta a promover la genuina libertad, aquella que se sostiene encima de la igualdad y la justicia.

Corea es una. Puede que sea precisamente ahora, finalizado un largo armisticio, el momento más propicio para la búsqueda y la consecución de la ansiada, más por unos que por otros, paz definitiva.

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