No está el panorama para cachondeo. Ni siquiera para carcajadas nerviosas
No está el panorama para cachondeo. Ni siquiera para carcajadas nerviosas

Y, con motivo de la tragedia natural de luctuosas consecuencias humanitarias que tuvo lugar en parte del territorio de la República Argentina, quiero hacerme eco de la opinión expresada para la agencia noticiosa Télam por parte de Luis Brienza, para quien la inundación en la Ciudad de Buenos Aires puso al descubierto, en toda su crudeza, la ineficiencia macrista en la gestión de los problemas en la capital de la muy meridional nación sudamericana.

El autor del texto hace hincapié en la descuidada manera en que Mauricio Macri llegó a dirigirse a las personas damnificadas y a la opinión pública.

Aquí les dejo el análisis, de muy fácil comprensión para quien abra bien los ojos, no mire hacia otro lado y no desvíe injustamente la carga de ciertas responsabilidades hacia personalidades que no merecen ser señaladas con inquisitoriales dedos:

Y un día, un buen día, el relato macrista hizo agua por todos lados. Y no fue el Kirchnerismo el que desarticuló la construcción marketinera del Jefe de Gobierno porteño. Cayó por el propio peso de su ineficacia política –de acumulación de poder en la congruencia entre discurso y realidad- pero sobre todo por su ineficiencia en materia de gestión.

Evidentemente, el caudal de lluvia que cayó en la región bonaerense fue inusual: más de 160 milímetros en CABA, cuando la media es 70 mm por mes, aproximadamente. Por eso no son las causas de la inundación lo que vale la pena analizar en términos políticos, más allá de la imprevisión municipal y de las consecuencias de un negocio inmobiliario descontrolado. Son las respuestas políticas que dio el Jefe de Gobierno de la Ciudad tras la catástrofe.

La primera conferencia de prensa que ofreció el intendente fue deficiente desde todo punto de vista: se defendió absurdamente culpando al gobierno nacional, tiró la pelota afuera, se mostró distante, tenso, insensible, y, lo peor, quebró el contrato tácito que tenía con su propia clientela electoral: defraudó a quienes lo habían votado. El relato macrista hizo agua por distintos motivos: 1) prometía equipos técnicos preparados para gobernar la ciudad y no pudo paliar siquiera las inundaciones; 2) acusaba al gobierno nacional por falta de colaboración, pero quedó al desnudo que el propio Macri decidió gastar su presupuesto en el Metrobús y en carreras de autos antes que en la obras del arroyo Vega, por ejemplo; 3) mostró poca o nula sensibilidad como para recorrer los barrios que habían sufrido la inundación; y 4) en un canto a la discriminación a favor de los sectores enriquecidos prometió subsidios solo para aquellos que tuvieran los impuestos pagos, es decir, que para los sectores más pobres con dificultades económicas para pagar los siderales aumentos de ABL por ejemplo.

Inexplicable: Macri quiere subsidiar a los sectores más favorecidos económicamente y dejar sin subsidios a los más pobres.

Sólo en el planeta Macri algo así puede ser pensado. Hundido.

La actitud de Macri quedó más destemplada aún en horas de la tarde cuando la Presidenta en persona decidió recorrer las zonas afectadas haciéndose presente tanto en La Plata como en los barrios afectados de la CABA. Podría no haberlo hecho. Podría haber especulado con dejar hundirse solos al gobernador Scioli o al intendente Bruera o Macri en sus propios lodazales. Sin embargo, decidió tener una actitud de contención política para con los damnificados. Y lo hizo, incluso, dejando de lado las diferencias circunstanciales con el mandatario provincial.

Pero los errores de Macri fueron un cine en continuado. No hubo autocrítica en ningún momento por los errores cometidos desde su gestión, tampoco sobre el desdén por las denuncias de los vecinos de Saavedra sobre las inundaciones producidas por el shopping DOT.

Hay tragedias naturales que pueden fortalecer políticamente a un dirigente o debilitarlo, según como actúe antes, durante y después de esa catástrofe. Incluso, hay crisis que ni siquiera las coberturas mediáticas pueden ocultar. El destrato de Macri con su propia clientela quebró el contrato que había hecho con muchos porteños que hoy reclaman que se vaya desde un lugar visceral. Es la respuesta antipolítica que parte de los electores a un discurso antipolítico.

Es decir, Mauricio Macri se cansó de tanto utilizar el discurso de la antipolítica. Sus argumentos eran que él no pertenecía a esa clase, que era empresario, que era nuevo, del lado de los vecinos y del hombre común, y le sirvieron para generar una empatía con un electorado que descree de la política y se refugia en una antipolítica de corte liberal libertario rayano a la falta de escrúpulos del outsider. Pero hoy se relato se quebró: para los “vecinos” de Buenos Aires Macri pasó a formar parte de la clase política y cayó bajo el latiguillo de “son todos iguales de corruptos”, frasecilla histérica que sólo favorece a los intereses de los grupos económicos que devastan al Estado en contra, obviamente, de los ciudadanos.

Hoy Mauricio Macri gira en falso con su discurso antipolítico. Intenta reproducirlo y no hacerse cargo de sus propias responsabilidades. Y resulta patético escucharlo vociferar con el agua al cuello. Pero no está en esa situación porque el agua subió, está así, simplemente porque el hombre se hundió solito.

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