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(Un texto de Cubainformación, basado a su vez en otro del autor del blog Capítulo Cubano, Vincenzo Basile)

La politización interesada del asunto migratorio cubano es tan evidente, que a los grandes medios, cancerberos de la estrategia de guerra psicológica contra el Gobierno cubano, ya solo les queda el recurso del ocultamiento de la información y la censura de cualquier voz crítica que denuncie tanta mentira.

La flexibilización de salidas del país que aprobó en enero el Gobierno de Cuba ha hecho aún más evidente que Estados Unidos utiliza la política migratoria como un arma de guerra contra la Isla, y que para ello cuenta con la colaboración entusiasta de los medios internacionales.

El pasado 3 de abril, grandes medios convertían en noticia la concesión de asilo político en Miami a siete miembros del Ballet Nacional de Cuba. Así narraba el caso la televisión por Internet del diario español El País: “Con la esperanza en un futuro mejor –decía la periodista de El País-, en búsqueda de oportunidades y, además, sin perder un día de ensayo: estos seis bailarines del prestigioso Ballet Nacional de Cuba han llegado a Miami tras desertar en plena gira por México”. “Porque somos jóvenes –afirmaba una de las bailarinas-, ahora es cuando tenemos más fuerza para continuar, estamos en plena juventud y podemos hacer lo que sea, este es un país (EEUU) donde creo que nos dan oportunidades y las vamos a tener”. Sin el menor rubor, estas personas “asiladas” reconocían que el único motivo para su decisión fue la mejora de sus condiciones económicas. Sin existir persecución política de ningún tipo, se habían acogido sin embargo a la Ley de Ajuste Cubano de EEUU, que privilegia a cubanos y cubanas por encima de cualquier otro migrante.

Pero esta evidente farsa no ha sido mencionada en ninguno de los medios que han cubierto la noticia. En los mismos días –sin cobertura informativa en este caso- el Gobierno de EEUU negaba el visado de entrada a la bloguera y profesora cubana Elaine Díaz Rodríguez, que debía presentar una ponencia sobre redes sociales en el prestigioso Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA). Su caso es uno más entre miles de cubanos y cubanas que, cada año, no pueden viajar a EEUU al ser considerados “posibles migrantes”.

Estas paradojas –ocultas gracias a la complicidad de los medios- reflejan que la política migratoria de EEUU con relación a Cuba tiene dos claros objetivos: uno, denigrar la imagen de la Isla, presentándola como una especie de cárcel de donde la gente “huye”; y dos, sustraer a un país de escasos recursos sus mejores talentos artísticos, deportivos y científicos. Los medios internacionales también miran para otro lado en lo que se refiere a la prohibición expresa de viajar a Cuba impuesta a la ciudadanía de EEUU.

Hace unos días, la famosa cantante Beyoncé y su esposo, el rapero Jay-Z, visitaban La Habana en viaje privado, gracias a una autorización especial del Departamento del Tesoro. La ultraderecha cubanoamericana -calificada eufemísticamente en los medios como “exilio cubano”- montaba en cólera. Los congresistas del Partido Republicano Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen exigían explicaciones al Gobierno, por si hubiera constituido una violación del bloqueo a Cuba y los cantantes fueran objeto de sanción penal. Pero hay más paradojas que los medios se empeñan en tapar. A miles de cubanos y cubanas se les impide viajar fuera de su país porque EEUU, España y otros gobiernos les negaban antes y les siguen negando ahora la visa de entrada.

Por el contrario, un grupo privilegiado, el de los llamados “disidentes”, obtiene visado automático, pasajes gratuitos y altos estipendios económicos para recorrer el mundo y repetir el mismo discurso contra el Gobierno cubano que sostienen tanto el Gobierno de EEUU como otras potencias desde hace décadas. La politización interesada del asunto migratorio cubano es tan evidente, que a los grandes medios, cancerberos de la estrategia de guerra psicológica contra el Gobierno cubano, ya solo les queda el recurso del ocultamiento de la información y la censura de cualquier voz crítica que denuncie tanta mentira.

 

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