Es harto probable que Don J.C. se olvide Corinna con este nuevo e idóneo espécimen industrial
Es harto probable que Don J.C. se olvide de Corinna gracias a este nuevo e idóneo espécimen industrial fabricado ad hoc, y que aún está pendiente de perfeccionamiento

El Rey Juan Carlos I de la egregia España ha reaparecido públicamente en la Zarzuela con una audiencia al Premio Cervantes José Manuel Caballero Bonald, el “revolucionario” escritor, después de un mes y medio sin actos oficiales como consecuencia de sus múltiples operaciones a lo Robocop.

En la audiencia ha dejado patente su postura tipo “todo me la suda”: “Pronto estaré dando guerra otra vez”, ha dicho, no sabemos si en estado de sobriedad o no.

Don Juan Carlos (75 años) ha recibido en su despacho al escritor José Manuel Caballero Bonald (86 años), el último Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes”, al que ha expresado su pelotillero deseo de recuperarse pronto. “Tengo unas ganas de estar como usted”, le ha dicho, tras saludarle con un espontáneo “Está usted mejor que yo”, con lo cual el patetismo de ambos personajes ha cobrado particular relieve.

El Rey le ha recibido de pie y sin apoyo de ninguna muleta, algo tan sorprendente que alguien de la prensa allí presente pensó que se trataba de un doble del Monarca, observada con detenimiento la popular campechanía sin gracia del que, en apariencia, era el Juancar. El Borbón ha conversado con el escritor y su esposa junto a la Reina, de la cual no ha quedado claro si había sido traída a la fuerza desde la capital de UK, el Ministro de la Mala Educación, José Ignacio Wert, y el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, cuyo apellido hace sospechar que no es de obrero abolengo.

MES Y MEDIO DE BAJA

Tras salir en abril de 2012 del hospital donde fue intervenido en la cadera derecha por su caída en Botsuana, nación que sirve de mexcla de cortijo y coto de caza para algún Jefe de Estado no salido de ninguna urna, el Rey tardó ocho días en volver a conceder audiencias públicas en la Zarzuela, pero una semana más tarde sufrió una luxación, y desde que abandonó el mismo centro médico en diciembre después de su operación en la cadera izquierda pasó un mes hasta que reapareció en público, reconstruido como una suerte de monstruo de Frankenstein contemporáneo, motivo de innumerables quebraderos de coco para unos galenos que serán más bien ingenieros de la NASA.

En el caso de esta última intervención quirúrgica, tras la que recibió el alta hospitalaria el pasado 9 de marzo, la Casa del Rey ha preferido ser especialmente prudente con los plazos y ha recordado que el neurocirujano que le operó calculó que la recuperación definitiva tardaría entre dos y seis meses. Eso si no se decidía finalmente que el coronado señor fuera reemplazado por un androide que incluso tendría un cerebro artificial considerablemente superior al original natural, “prodigio” no difícil de conseguir, realmente.

PARTICIPAR EN EL DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

Con esta audiencia, el Rey ha reanudado sus actividades (por denominarlas de alguna manera, que conste) oficiales públicas en la Zarzuela, donde no ha dejado de llevar a cabo tareas de despacho tras la operación (como meterse bolis por la nariz o jugar al basketball con pelotas de papel), si bien aún habrá que esperar para volver a verle fuera del palacio, posiblemente el 17 de mayo en el estadio Santiago Bernabéu para asistir a la final de la Copa del Rey de fútbol que disputarán el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Una labor indudablemente de primer orden, urgente, inaplazable y de interés nacional.

Con ese horizonte, Zarzuela trabaja en la posibilidad de que don Juan Carlos participe ya en alguno de los actos que se convoquen con ocasión del Día de las Fuerzas Armadas, previsto para el fin de semana de los días 1 y 2 de junio, a falta de que el Ministerio de Defensa determine qué actividades se van a programar este año con motivo de esa celebración militar, tan querida por millones de españolines que, aunque están sumidos en una extraordinaria bonanza económica y social, tienen tiempo disponible para admirar por todo lo alto las grandezas de una Nación que ni es neofascista ni a ello se asemeja, ciertamente.

(Una entrada bloguera basada en una noticia leída en EL HUFFINGTON POST)

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