libros

 

En aquellas horas de desasosiego sepulturero

me enviaste un jardín de páginas locas y valientes.

El sol se hizo lenguaje universal inteligible

y clavaste con talento una flor sin sangre en mi coraza.

 

De aquellas voces que en los verbos de plata

dejaron indelebles marcas de emociones entusiasmadas,

vinieron cercanos cantos donde hace la palabra con un giro no forzado

guirnaldas de ideas que vuelan para posarse en las almas.

 

En un día en que la muerte declara innombrables guerras a libertad sin sus hierros

yo he venido con mi antorcha a incendiar el cementerio en que las alas son rotas.

El mensaje de unos vivos que dan savia a estanterías

no borrará las manos que sostienen la maestría del corazón ilustrado.

 

Educar en el cariño a pensamientos imbatibles

constituye el gran pesar de los tiranos de piedra.

Y hacen lunas los alarifes que escalan tejados cuando el saber los convoca.

 

Y baja el agua muy ruidosa a establecerse en las vegas

en las que paces, amigo, dando música a buenas gentes;

requisando la ignorancia del camueso incorregible.

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