Un bufón españolista con cara de malo y sin sentido del ridículo. Nunca aprenderá de sus continuos errores
Un antipático chufletero españolista con cara de malo y sin sentido del ridículo. Nunca aprenderá de sus continuos errores

Tras la victoria de Nicolás Maduro, el clima postelectoral fascista desatado por la burguesona oposición venezolana se resiste a amainar. La reciente pelea entre socialistas y reaccionarios/as en el seno de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana se saldó con algunos diputados levemente heridos, supuesta y/o realmente; entre ellos no ha faltado algún derechista que se ha maquillado con sangre coagulada falsa para salir en algún tramposo medio incomunicador de los pitiyanquis nacionales, inicialmente, a los cuales el vocablo “patria” les viene demasiado grande. Y de los medios internacionales ya está todo dicho;  pocos comentarios favorables merecen.

Henrique Capriles, tipo con la cara dura sin posibilidad de ablandamiento y adecentamiento, tildó al Gobierno de Venezuela de “fascista, corrupto e ilegítimo”, exactamente los adjetvos que les corresponden a los de su criminal tropa y a él mismo, chapucero golpista asaltaembajadas e inductor de asesinatos y tropelías varios contra inocentes que no comulgaban con su programa fracasado y antisocial.

En este turbulento contexto, en el país más rico en reservas de oro negro, el Ministro facha de Exteriores del Reino Patético-Borbónico de España, un payaso vulgar apellidado García-Margallo, no desaprovechó la revuelta ocasión para volver a meter la pata diplomáticamente al ofrecerle al legítimo Presidente venezolano sus servicios como “mediador” en el conflicto que , desde su exagerada e interesada perspectiva, se vive en la República suramericana (por culpa del “régimen de Caracas”, pensará, mintiéndose a sí mismo, don José Manuel).

No hay nada, pues, como otra conversacioncita con un tiburón del poderoso Imperio de nuestra era, en esta ocasión John Kerry, para regresar al pasado de hace doce años,  en que el Estado español se hundió en la mierda, en plena época bigotuda aznariana, cuando su Ejecutivo de entonces mostró torpemente su apoyo al sinvergüenza de Pedro Carmona Estanga ( a la sazón presidente de Fedecámaras), de quien esperaban los ultraderechistas europeos y estadounidenses que iba a conducir a Venezuela hacia la “normalidad democrática e institucional”.

Maduro sabe la mar de bien cuál es el pelaje de la dirigencia neofranquista española, y aunque los discípulos y simpatizantes de lo peor de la fauna política ibérica se empeñen en afirmar que Nicolás es el epígono soberbio y prepotente de su predecesor, el Comandante Chávez, la dignidad de la inmensa mayoría del pueblo de Bolívar nos llena de fuerzas y entusiasmo a los que resistimos, en el Viejo Continente, los inclementes embates de un neoliberalismo que apesta a muerto en precaria vida.

 

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