Una casa que se derrumba por su propio peso obsceno
La casa que se derrumba por su propio peso obsceno

También contra otros países latinoamericanos va el informe más reciente de esta hipócrita “ONG”, que no es más que uno de los brazos de la propaganda imperial usamericana, sin capacidad para simular una básica independencia respecto a las instrucciones de la Casa Blanca.

Dicha organización tiene completamente claro que un país libre lo es en la medida en que la explotación capitalista por parte de grupos minoritarios tenga poco o nulo control, y, puesto que, de acuerdo con ese esquema, la libertad de empresa debe ser total, los medios de comunicación de masas son materializaciones de la “libertad” de prensa, la libertad de los grandes conglomerados mediáticos para imponer sus ideas a todos los lectores, incluidos los excluidos por el sistema que la hegemónica burguesía mantiene mediante la fuerza y la mentira.

Así, la República revolucionaria cubana sería “lo peor de lo peor” en este sentido, dado que no hay que ser en la Isla un ricachón para lograr que se abra un nuevo periódico, cada organización social y de masas tiene su propio medio de difusión de noticias y está prohibida la publicidad comercial que condicionaría los contenidos de una prensa adulterada, orientada al consumismo insaciable de sus receptores.

Eso es lo que la Casa de la Libertad proyanqui considera “uno de los entornos más represivos en el mundo”.

Como no podía ser de otra manera, la gran prensa estadounidense queda como la máxima promotora y practicante de la libre expresión, sobre todo gracias a una prensa escrita, digitalizada, radiada y televisada que se caracteriza por sus sistemática mendacidad, sumisión al gran capital, vigilancia por parte de altas instancias gubernamentales y descaradamente proclive a tratar a su audiencia como se trata a menores de edad permanentes.

Ya que se trata de que, después de todo, la Freedom House no sea señalada sin matices como una tramposa monumental, dice la misma una verdad cuando señala a Paraguay, tras la destitución (no recuerda que por causa de un golpe de Estado institucional) de Fernando Lugo como un sitio en que han sido despedidos 27 trabajadores de la televisión pública paraguaya.

Una vez mostrado un exiguo rasgo de decencia, toca poner verdes, como de costumbre, a los gobiernos antiimperialistas de Ecuador y Venezuela.

Acerca del primero se nos cuenta no sé qué de una ley de 2011 previa a las elecciones presidenciales del pasado febrero, ganadas holgadamente por Rafael Correa, al cual se reprocha que haya retirado, siempre según Freedom House, publicidad gubernamental de medios privados críticos con su gestión. Pero no debe caber duda alguna de que lo que subyace a estos infundios es la voluntad legítima del Ejecutivo y de la mayor parte de la Asamblea Nacional ecuatorianos de que sea promulgada en breve una norma que destruya o limite las prerrogativas de magnates del país andino en relación con el dominio periodístico y cultural de la nación; una norma que, en definitiva, garantice el derecho de los ciudadanos ecuatorianos a recibir una información veraz como parte de una exigible actividad administrativa de servicio público al Estado.

Sobre la República Bolivariana de Venezuela la “Liar House” regresa a los archimanidos lugares comunes referentes a la posición “ventajosa” del Gobierno socialista en el espectro radioeléctrico nacional, frente al “débil” poder de unas “víctimas” en forma de avariciosos ultraderechistas que utilizan la desinformación para violar la normativa penal de un modo impensable incluso en EE.UU. y en Europa. Para dos canales de televisión que hay que no se someten a los dictados de la oligarquía venezolana (VTV y teleSUR), el informe panfletario de F.H. ve como perseguidos a los acosadores y viceversa.

Hoy, tercer día de mayo de 2013, se celebra, o es algo que se parece mucho a celebrar, el Día Internacional de la Libertad de Prensa. El cinismo, los tópicos, la manipulación, el lavado masivo de cerebros y las “cazas de brujas” camparán una vez más a sus anchas. Y es una paradoja servida en bandeja merced, precisamente, a los mismos buitres y papagayos que pregonan el deseo de que triunfe, de que prevalezca en el mundo el juego sucio que engendros repugnantes como la “Freedom House” deberían combatir con palabras y con hechos.

Más que nada, con palabras limpias de cualquier toxina.

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