american coins

El empujón ( no tan espontáneo como algunos creen) reaccionario que le dieron al Muro de Berlín hace más de veinte años constituyó el pistoletazo de salida, sobre todo en Europa, de ese intrigante modelo económico capitalista neoliberal que había conspirado durante años para derrumbar lo que de Seguridad Social tenía, aun rudimentariamente en la mayoría de los casos, el denominado capitalismo renano, imbuido de una socialdemocracia muy influida por el pensamiento de Keynes, entre otros teóricos.

Los países que, al Este del “Telón de Acero”, habían garantizado derechos más que básicos a toda su población empezarían prácticamente de golpe a recibir un huracán privatizador y opuesto al humanismo elemental, que traumatizaría y acabaría con un muy considerable número de vidas en lo que ha sido hasta la fecha una de las peores tragedias socioeconómicas experimentadas en la Historia contemporánea. Un solo capitalismo, el más feroz, se impondría progresivamente en todo el espacio europeo. Hasta nuestro momento.

En Estados Unidos, curiosamente, la administración Clinton, en política económica interior, se reveló como un período de relativa prosperidad para las “clases medias” de aquella superpotencia, a lo largo de los 90’s del siglo pasado. Parecían un poco superadas las nefastas consecuencias de las “reaganomics” de la década anterior. El electorado usamericano así lo percibió, vistos los resultados electorales que otorgaron al marido de Hillary un segundo mandato a partir de 1996.

La llegada de George Walker Bush a la Casa Blanca inauguró una etapa agresivísima en política exterior y, coincidiendo con los estertores del segundo mandato presidencial de uno de los Jefes de Estado más impresentables que ha tenido EE.UU., los grandes medios de comunicación comienzan a hablar con timidez de un ciclo recesivo, que no mucho después será calificado como crítico, por no considerarlo un megafraude, directamente.

Con Obama el panorama no mejora, y la depresión, el declive, en el seno de una sociedad que no aguanta más medidas en contra de la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora, desemboca en un estado de cosas para las que los poderes empresarial y financiero yanqui no desean ofrecer solución viable alguna.

Economistas y hacendistas occidentales insisten en que en Estados Unidos, tradicionalmente, ha sido más fácil despedir a los productores, pero que han sido los salarios mucho más altos que en Europa, donde la defensa esforzada del Estado del Bienestar a lo largo de cierto tiempo ha procurado mayor estabilidad laboral en detrimento de subidas de retribuciones, gracias en gran medida a políticas fiscales expansivas y una fuerte presión sindical.

Y ahora es el momento de subrayar que si algo han tenido y tienen las naciones estructuralmente socialistas ha sido y es un estándar razonable de vida asegurado, a despecho de sueldos relativamente bajos. Ahora en USA, más concretamente en la capital del Imperio, aumentan las quejas de los que tienen por una injusticia mayúscula el hecho de que las grandes corporaciones engorden desmesuradamente a costa del adelgazamiento forzoso de los ingresos que ganan los trabajadores. El monetarismo, pues, no deja de imponerse.

Ojalá se imponga en las decadentes colectividades vampirizadas por el capitalismo más insaciable que es mejor ganar con modestia y dormir bien, que cobrar un pastón hoy, en su caso, y no saber si mañana o pasado mañana uno se queda desamparado, desprotegido, abandonado a su (mala) suerte, en esa selva ultrafascista en que las bestias colosales se zampan a los animalitos, con un apetito insaciable.

 

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