MARTÍ, EL APÓSTOL

Ciento dieciocho años nada son cuando la misión, cumplida y alabada, es paso marcado que a la gloria de los pueblos ilustra para siempre.

Un maestro no vive para plantar rosales en la brutalidad del asesino,

ni en la ceguera del loco ejecutor,

ni en el barro solidificado de ideas que no son ideas,

sino mezquinas intenciones de ambiciosas mentes en tinieblas.

Ciento dieciocho años, letra de genio y mano que extiende talones de amistad perpetua,

son llamas que no queman, pero dan calor;

vino que no embriaga, que reconforta;

sol que mitiga la sed de campos que nunca más serán áridos.

El amor a la lucha de los justos es guerra patria para sembrar las Patrias,

la Gran Patria.

Sin hálito de ríos que discurren por las vegas de cantares

no hay bandera, no hay estrella, no hay barco entre verde poesía de libertad sincera.

Con barbarie sometida por la fuerza de discursos se hacen libros de fusiles

y machetes de hojas grabadas por la pluma del valiente.

Así se enfrentan al destino los héroes de piedra por los que sangre circula de mensajes

no arrastrados por los vientos.

Más de un siglo, más de un siglo exhibiendo la lealtad que la bondad de un sueño

eterniza bajo el árbol cuya sombra cobija nuestro orgullo combatiente.

De Cuba, de América, de universo de estandartes y homenajes,…

De todo un mundo es Don José la voz consciente en la espesura de palabras que prosperan.

¡ Está vacía la yacija de quien hizo de su alma el fiable pasaporte hacia muralla inexpugnable!

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