matrimonio kirchner

En el plano interno, la política económica posneoliberal de la nación sudamericana no está orientada el socialismo, no es economía socialista de mercado. La oligarquía de allá es aún tan poderosa como peligrosa. El gran capital no teme por su futuro a corto y a medio plazo, y la desigualdad social es todavía considerable pese a correcciones reformistas en un marco que no es aspirante a antítesis del capitalismo.

Por supuesto, medidas asistenciales encuadrables en un modelo de Estado del Bienestar han triunfado en un país muy castigado por despilfarros, latrocinios y fraudes varios que condenaron a la diáspora a demasiados ciudadanos que necesitaban sobrevivir tras decenios de incompetencia política y administrativa, después de una corta pero durísima dictadura militar a la que sucedieron una serie de mandatarios, a cual más inepto, que moldearían una situación que desembocó en el triste Corralito de principios de este siglo, el siglo que, a partir del segundo lustro de su primera década, sería testigo en Argentina de un rupturismo paulatino y tangible con respecto al fiasco neoliberal del que, a trompicones, va recuperándose esta república.

Y casi todos estos cambios son debidos a Néstor Kirchner, primero, y a la actual Jefa de Estado, viuda de aquél, Cristina Fernández. Ambas personalidades, que han destacado por impulsar la no impunidad de criminales fascistas del período 1976-1983, por contribuir a la integración del bloque regional latinoamericano (en política exterior), por atisbos de proyectos soberanistas energéticos y, muy especialmente en el caso de Cristina, por la insistencia en reivindicar la argentinidad del archipiélago de Malvinas, han sido considerados como unos peronistas de izquierda o centro-izquierda con el mérito de haber infundido ilusión a millones de sus compatriotas que han podido regresar a su tierra en un momento en que la “crisis”/estafa económica y financiera, sobre todo en Europa, empuja a emigrar, como en otros tiempos ya ocurriese, al extenso lugar del Cono Sur que llegó a ser denominado “el granero del mundo”.

Hoy es menos difícil que hace 11 años encontrar vivienda, trabajo y ser beneficiario/a de determinadas prestaciones sociales en Argentina merced a la rebeldía gubernamental federal frente a imposiciones del FMI, presiones de la Casa Blanca y del Reino Unido, campañas mediáticas implacables y gravísimos problemas de corrupción en el seno de la administración de Justicia. El “videlismo” no ha muerto; hay que tener cuidado.

Debemos insistir en que no se está viviendo en el país protagonista de este post una etapa prerrevolucionaria influida por el espíritu de Ernesto Guevara, ni mucho menos. Lo que parece claro, a despecho de las polémicas que este tema suscita en el propio pueblo argentino, es que si la Patria de San Martín, con sus aciertos, errores, contradicciones y propósitos contemporáneos, va encaminada a consolidar su estatus de potencia regional de la América Latina, está en plenas condiciones de avanzar por la senda del crecimiento íntimamente vinculado con el humanismo característico de muchas de sus repúblicas hermanas en el hemisferio.

Hecho este modesto y bienintencionado análisis, les sugiero la lectura del texto siguiente, hallado en el sitio web Contrainjerencia:

Argentina conmemora hoy una década de la llegada al poder del proyecto político iniciado por el presidente Néstor Kirchner en el 2003 y continuado por su esposa y actual mandataria, Cristina Fernández de Kirchner, al ganar las elecciones presidenciales del 2007 y del 2011.

El entonces gobernador de la provincia patagónica de Santa Cruz, asumió las riendas de un país marcado por la inestabilidad política, social y económica, tras el colapso ocasionado por la vorágine neoliberal de finales del siglo pasado.

En pocos años, Kirchner logró recuperar la senda del crecimiento. Renegoció una deuda impagable de más de 140 mil millones de dólares y reactivó el deteriorado aparato productivo y exportador argentino.

Por otro lado, la derogación de las leyes de impunidad en el 2004 significó el comienzo de un largo proceso judicial contra los represores de la última dictadura. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales, se han realizado cientos de juicios en los que han sido juzgadas 1 861 personas y condenadas 244.

En la arena internacional, el abogado argentino enrumbó sus esfuerzos hacia la consolidación de la Patria Grande, junto a otros grandes líderes latinoamericanos como Fidel Castro, Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, entre otros.

La Cumbre de las Américas de Mar del Plata en el 2005, donde asumió un papel protagónico como anfitrión, significó un punto de giro en la historia de América Latina al derrotar los intentos neocoloniales del ALCA y reafirmar la voluntad unitaria de la región frente a Estados Unidos. Esos mismos principios los defendió como primer Secretario General de la UNASUR.

En el 2007, Néstor Kirchner fue sucedido en la presidencia argentina por su esposa, la senadora Cristina Fernández, quien ha sido una fiel continuadora y renovadora del proyecto de cambios, muy especialmente tras su temprana y lamentable muerte en el 2010.

En sus casi seis años de Gobierno, Cristina ha ampliado la asistencia estatal para los más pobres y defendido con igual pasión la integración latinoamericana en espacios como la CELAC, que agrupa por primera vez a todos los países independientes desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Este sábado se conmemoran, además, los 203 años de la Revolución de Mayo de 1810, cuando la deposición del virrey español Baltasar Hidalgo de Cisneros dio paso a la Primera Junta de Gobierno.

Más de dos siglos después, Argentina y América Latina continúan su bregar por la verdadera independencia, una batalla que ha encontrado importantes victorias en la última década “ganada” de los Kirchner.

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