No sólo coches, contenedores o edificios. Al despiadado sistema es al que hay que prender fuego. Aunque nos llamen "terroristas"
No sólo a coches, contenedores o edificios. Al despiadado sistema es al que hay que prender fuego. Aunque nos llamen “terroristas”

Mas ese modelo socialdemócrata, considerado ideal por los detractores del socialismo real y defensores de un capitalismo de rostro “humano”, se fue diluyendo poco a poco a medida que el pequeño pero próspero reino nórdico fue metido por su clase dirigente hasta el cuello en la Europa comunitaria neoliberal del malestar ascendente.

Cuando Enrico Altavilla escribió su ameno ensayo titulado “Suecia, infierno y paraíso”, ya nos exponía notables contradicciones que suelen ser normales en sociedades democráticas al estilo occidental y aquejadas, por tanto, de fallas estructurales vinculadas con el consumismo, el individualismo y un concepto de modernidad que minimiza valores colectivos en aras del egoísmo burgués que lo mercantiliza todo.

En la actualidad, el Primer y “moderado” Ministro Reinfeldt, un centroderechista que, como cualquiera de sus homólogos, es derechista plutócrata al máximo nivel. De ahí su política de austeridad, con los correlativos recortes, capaz de soliviantar a los sectores más excluidos de su país y alterar seriamente el orden público en una tierra que, a pesar de vicisitudes, siempre ha presumido de ser muy apacible y segura.

Los suburbios pobres de Estocolmo están en plan numantino, con disturbios, quemas de coches, entradas y salidas de vehículos policiales y de bomberos. Ha habido casi una veintena de arrestos y los ataques aislados o en grupo de neofascistas están aumentando. Podrá ser Suecia un paradigma de falta de racismo legal y sociológico, pero sabemos que la ideología del fascismo cala muy bien en espacios y momentos en que la gravedad de una situación económica genera reproches indiscriminados hacia una clase política excesivamente divorciada de los intereses generales, y de, más en concreto, de los derechos de los más pobres y humildes.

Si a los suecos de extracción no alta les sumamos las condiciones de vida que con ellos comparten inmigrantes que residen en las áreas urbanas donde mayor es el descontento, tenemos el caldo de cultivo contra el que cargará el sistema corrupto humana y financieramente, mediante violaciones no leves de derechos humanos fundamentales y justificación de medidas represivas extralimitadas.

Acoso policial, paro, marginación,… Este panorama desalentador es el que se dibuja sobre el mapa de una nación degenerada que, al igual que sus “hermanas” del Viejo Continente de capitalismo desbocado, no podrá contener desde las instituciones los estallidos de rabia e indignación que seguirán marcando la agenda cotidiana que escriben los pueblos para los que lo prioritario es y será la digna existencia de una verdadera ciudadanía que, hoy por hoy, es un anhelo más que una presentable realidad.

Falsimedia reducirá esta clase de noticias a un anecdotario de agitaciones pandilleras y vandálicas que no deben ser imitadas en otras áreas de la región, sobre todo de la Eurozona, y que en el fondo no revisten mayor importancia, pero todo llegará. Y llegará a donde haga falta si no hay vías alternativas. No solamente a la capital sueca y a sus alrededores.

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