la carga de una moneda

Reino Unido, Suecia y Dinamarca no rechazaron el euro como moneda útil para diversas transacciones comerciales, dentro y fuera de sus fronteras, pero conservan la libra esterlina, la corona sueca y la corona danesa, respectivamente. En este momento, cierto es, la recesión generalizada en la Unión Europea no ofrece un futuro prometedor a corto plazo a ninguno de los países de esta organización regional, pero, incluso con severos recortes del gasto social tanto en la Eurozona como en el grupo de Estados que no han renunciado a sus monedas nacionales, en estos últimos (los tres ejemplos arriba citados) todavía tienen tasa de desempleo sensiblemente inferiores y unos déficits limitados.

El hecho de que la Eurozona tenga en su seno un porcentaje de intercambios relativamente bajo y que el presupuesto es pequeño en relación con el Producto Interno Bruto del área no ayuda mucho, que digamos, a la sostenibilidad y la viabilidad de la moneda única.

Una única política en materia de tipos de interés e impide devaluaciones monetarias que se consideran o pueden considerarse necesarias y urgentes. Alemania y el Bundesbank controlan el Banco Central Europeo, y al menos un par de las entidades financieras germanas más importantes han conseguido beneficios jugosísimos a base de conceder préstamos a una banca como la española, la misma que con dinero público es rescatada a expensas de empobrecer a millones de ciudadanos o súbditos que no disponen ya ni de verdaderas cajas de ahorro que ayuden mediante ciertos créditos a las rentas más bajas y a las pequeñas y medianas empresas. Una misma moneda para tanta asimetría entre Estados miembros no es sino síntoma de explotación de miembros débiles por parte de uno/s hegemónico/s que, además, a través de la implantación férrea de medidas neoliberales que perjudican especialmente a las sureñas Portugal, Italia o Grecia, países donde la brecha socieconómica en su interior es tremendamente dramática, donde el crecimiento económico es menor y más lento, la capacidad de ahorro está más reducida y la tasa de paro es más escandalosa.

¿A quiénes beneficia la continuidad del euro? ¿Ha servido para una más justa distribución de la riqueza y un incremento preceptible del poder adquisitivo de los consumidores, sobre todo de los que no gozaban con sus monedas nacionales de un elevado poder adquisitivo? ¿Es más importante controlar la inflación que invertir socialmente desde el sector público con vistas a apostar decididamente por el capital humano? Soy de la opinión de que el regreso a las monedas originarias de cada nación de la actual zona euro, la creación y fortalecimiento de una banca pública obediente al Estado y al servicio del pueblo, plena independencia en política monetaria, así como la desvinculación financiera local del FMI, del Banco Mundial y de cualquier lobby extranjero en la misma línea, son las soluciones más deseables para escapar del agobiante atolladero en que nos metimos, o en que nos metieron, bajo desinformación, malas intenciones y falsos propósitos de acercamiento fraternal entre desiguales que hoy lo son muchísimo más.

Anuncios