abajo con el imperialismo

Una de las afirmaciones más manidas por parte de unas cuantas personas y ciertos grupos de tendencia verdadera o pretendidamente revolucionaria es que tanto los Estados Unidos como Rusia son países imperialistas. Esto es falso. La Federación Rusa, heredera, aunque parezca mentira, de mucho de lo que significó la extinta URSS, es una gran potencia capitalista, sí, pero que busca más la defensa de su soberanía que la competencia por la hegemonía mundial

Rusia apuesta por un mundo en que no exista la unipolaridad, manifiesta hoy por hoy principalmente en la supremacía militar usamericana, pese a que el Pentágono, temeroso de que sea el chino el Ejército con más efectivos del planeta, se ha acercado diplomáticamente a Beijing desde hace muy poco.

Tanto China como Rusia no son imperialistas, como nunca lo fue la Unión Soviética, que cuando intervino en Afganistán lo hizo porque el Gobierno progresista de aquel país se lo pidió. Los soviéticos no albergaban propósito alguno de permanecer en tierras afganas. Fue, y esto mucha gente no lo sabe, Afganistán el primer país en reconocer a la URSS cuando la misma estaba dando sus primeros pasos.

También la amistad ruso-siria es de vieja y larga data. El padre de Bashar Al Assad, Hafez, nunca vio con simpatía al eje capitalista occidental liderado por el régimen de Washington; sus medidas económicas tendían a una socialización creciente de la economía y propició intercambios de todo tipo entre Damasco y Moscú, sobre todo científicos y tecnológicos.

El actual Jefe de Estado de la República Árabe Siria nunca fue un dictador, su formación académica está especialmente marcada por el humanismo, y es Presidente de su nación por el apoyo mayoritario del pueblo sirio, quien ha llegado a ratificarlo como mandatario.

Cuando en 2011 la Libia de la Jamahiriyya fue, de algún modo, traicionada por la RPCh y por Rusia, muchos analistas sostuvieron que ambos gigantes habían sido cobardes y que querían nadar y guardar la ropa.

Su abstención en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas fue, tal vez, no malintencionado, mas tuvo fatales consecuencias no sólo para la Libia de la Revolución Verde sino para la joven Unión Africana, organismo que vio la luz gracias a las intensas negociaciones impulsadas por el desaparecido Gaddafi.

No ha habido revoluciones árabes recientes. El Imperio llevaba años planeando su estrategia para África del Norte y Oriente Próximo.

El Islam no es realmente antidemocrático, lo que sucede es que no le gusta lo que se ha dado en llamar Modernidad que quiere ser impuesta a toda costa por Occidente.

Irán no es tiránica, y Siria, al igual que Persia, es antiimperialista y antisionista. Pero Siria, además, es laica.
No ponerse de parte de países o grupos de países hostigados por el imperialismo es imperdonable en personas consideradas mínimamente anticolonialistas.

Los asuntos internos de los Estados deben o pueden resolverse de puertas para dentro en cualquier caso.

A Estados Unidos y a sus aliados/vasallos no les conviene un islamismo moderado, sino potenciar, reforzar el fundamentalismo islámico en beneficio de intereses depredadores, en absoluto defendibles desde la más elemental decencia.

Arabia Saudí o Catar son despotismos útiles porque se alinean convenientemente con Washington y Tel Aviv en perjuicio de proyectos panarabistas y socialistas en versión arábiga.

Así que si nuestro enemigo nos indica quién es la amenaza para el mundo “libre”, no dudemos ni por un segundo de que el enemigo de la independencia de “rogue States” no es otro que el que recurre a la guerra preventiva, los genocidios y la globalización del terror haciéndose pasar por damnificado y no por ejecutor de actos de brutalidad de incalculables dimensiones.

No es difícil asimilar conceptos fundamentales, pero demasiada gente parece resistirse y se resiste a ello todavía.

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