egoismo

(Poema en prosa)

El hombre desciende de su infancia para recorrer el mundo en compañía de sus semejantes. Se va acercando a tierras muy distantes de las jornadas que los vieron nacer allá por esos días en que el Sol era un dios soberbio que no tenía rival en las bajuras de un planeta de bípedos primates emergentes.

El amor se dispersaba por continentes inestables y asomados a océanos furiosos cuando hídrico apetito invadía costas ricas en inagotable arena. La primera casa se erigió en el instante en que los monos peludos se cansaron de pisar guijarros sangrantes a la sombra de un calor sin empatía.

La obra civilizadora de un corazón endurecido fue levantando precipicios en las ciudades, laberintos de lluvia roja a las puertas de los inexpugnables muros de rechazo a lo ignoto, y lunas derribadas en noches de estrellas fugitivas, aterrorizadas por el correr del tiempo, pánico de manecillas y cadenas por causa de indicios que anunciaban prematuramente la decadencia inevitable.

Se disolvió el destino en la intención hecha materia a partir de bolsas de oro que escondían las garras afiladas de cleptómanos, de esqueletos con cetros subidos a los panales del Poder.

Empezó la solidaridad a ser un bien escaso, casi extinto, en las lenguas y el aliento de los supervivientes. La escritura descifrada dejó volar pequeñas esperanzas, repartidoras de beneficios entre los dientes sin pan, entre los cuerpos sin ropas, entre enfermos sin lecho ni besos de primavera.

Se acabará la vida, el aire con polvo oscuro en los pulmones de las gentes grabará para un mañana sin mapa el avance cansado de la ruina, el retroceso nostálgico de un ayer que se fue a su propia llegada.

Y la Historia ahora marcha; la forjó la cultura parida por el odio; no la fraguó la memoria almacenada en variopintos relatos junto al fuego de familia. Sin embargo, esa síntesis de letras y hambre ingente de Justicia quedó plasmada en el libro de los sueños realizables. Despiertos los gritos de indignación suprema, los leones heredan los desiertos que las vacas fabricaron multiplicadas.

El hombre habrá pasado por encima de sí mismo, y universos recreados desde una Nada omnipotente quizá den paso en las tinieblas a un nuevo Edén donde quede detenida la desafortunada idea de dibujar el comienzo de la autopista hacia la extinción temprana.

O hacia una forzada autoextinción.

Anuncios