FGL

 

De una boca calé se hizo Luna un beso bajo pinos de sangre, bajo cielos del Sur.

Se fugó a caballo Honra, mientras rozaba viril lomo de jinete y sombras, entre bordones de llanto oscuro.

Seguimos la estela dejada por panderetas de sueños y navajas encajadas en prohibidos amores de secretos nombres.

 

¿A dónde se dirigía la gacela herida por divanes moriscos de fatales aceitunas?

¿A quién se abrazaban los niños que hurgaban en tierra yerma las antenas de los insectos con pena hinchada junto a los arroyos?

¿Por qué se incendiaron las frías azoteas de una urbe inclemente con mariposas barbudas?

 

Cantares gallegos son ondas de ultramar, sobre las cuales viajaron  cigarrillos que quemaban como fusiles.

Tristeza infinita desde el castillo rojo descendió a las cruces ante el mirador del tiempo.

Nació el poeta, vivió el hombre, murió la negra leyenda de ayes, descarnada ropa y romances infinitos de universo atravesado.

¿Cómo volver a exhalar primeros soplos de versos en Andalucía herida por galopadas sin riendas?

 

Donde estrellas como olivares rompieron las formas de una academia anciana,

y las voces de Grecia irrumpieron en casas condenadas a soledades,

sabor a limón imprimió el silencio en una mañana de escarcha.

 

Y la risa con teclas de piano dolido tras malditas bodas

recordarían cabellos de eternidad gloriosa.

 

Al pasar el genio por la esencia del pueblo

puño del ángel corazón puro

exhibió frente a Astaroth desnudo.

 

De aquel cantar rebelde el vaho despierta otrora por la espalda yugulado.

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