neoliberalismo-ruina

A los letones les fue muy bien cuando eran soviéticos, pero tanto fascismo latente llevó a Letonia a un postsocialismo neoliberal del que la UE no la sacará como siga obcecada con sus duramente impuestas recetas.

De España, poco más nos resta añadir, salvo que la única vez en que estuvo verdaderamente cerca de la dictadura del proletariado fue entre febrero y julio de 1936. Lo que vino después, todos lo sabemos. Lo que vino mucho después fue una megaestafa de apariencia democrática, reforzada con el correr de las décadas por el auge del neofranquismo, el atlantismo y el ultrarreaccionario europeísmo combinados.

Puesto que no se puede caer mucho más bajo, la esperanza está de parte de los expulsados del sistema a puntapiés. Desde la extrema humillación se pasa a la lucha que sirve para obtener todo lo que no se tiene, pero que se merece. Con organización, sin dudas. Siempre con organización.

LibreRed nos cuenta más de lo bien que les va a unos pocos a costa de lo jodidamente mal que le va al resto de día en día sobre la enorme finca donada por cierto causahabiente de aguda voz a su heredero de nasal dicción:

La imparable tasa de desempleo acompañada de la reducción de salarios, la precarización laboral, la reducción de los subsidios o su eliminación, la asfixia a la Sanidad y a la Educación pública y los recortes en pensiones hacen que si España era históricamente un Estado con un índice de desigualdad superior a la media europea, ahora lo sea mucho más.

Los datos de Eurostat con respecto a la desigualdad así lo evidencian. Aplicando el índice de Gini se puede comprobar que la desigualdad en España entre 2005 y 2010 aumentó 2,1 puntos (del 31,8 al 33,9 por ciento).

Según el estudio, esta diferencia “está vinculada a la evolución de la desigualdad de los ingresos. En España, la relación entre el 20 por ciento de la población que más ingresa y el 20 por ciento que menos ingresa ha variado de un índice de 5,5 al 6,9 en el mismo periodo de tiempo.

El desigual reparto de la renta sería el principal indicador de la desigualdad del Estado. En 1977, en plena “Transición” (las comillas son de El Revolucionario Escarlata), la remuneración de la clase obrera representaba el 67,3 por ciento del PIB, mientras que en 2012, cuatro décadas después, este porcentaje se ha reducido al 53,4 por ciento. Estos datos contrastan con el aumento imparable de las rentas del capital con respecto a las del trabajo, es decir, los beneficios empresariales no han parado de aumentar, incluso en las épocas de crisis, mientras que los de los trabajadores han ido disminuyendo progresivamente.

La radicalización de las políticas capitalistas adoptadas por los últimos Gobiernos del PSOE y del PP han empeorado la situación: reformas laborales, reducción de los sueldos de los empleados públicos y eliminación de las pagas extraordinarias.

Desde el comienzo de la recesión, la renta de los trabajadores cayó un 6,2 por ciento hasta el año pasado y los beneficios empresariales aumentaron un 2,7 por ciento.

El informe de la Fundación 1 de Mayo cierra advirtiendo que con toda probabilidad, las consecuencias más graves de las políticas neoliberales están todavía por llegar.

pobreza, hambre

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