lactancia-venezuela

No solamente cargo las tintas contra la fascista presentadora que he escuchado esta tarde, mamarracha servil del Partido Impopular que emula el “periodismo” de ese polvoriento NO-DO al que limpian de telarañas a diario los secuestradores de la información seria de la que el pueblo es acreedor permanente.

Estoy convencido de que la urraca que ha entrado por teléfono para criticar lo de amamantar a los bebés venezolanos ni vive en Venezuela ni ha hablado gratis. Sus imperdonables insultos a la obra del Presidente Chávez, q.e.p.d., sus absurdos ataques a Nicolás Maduro, que lleva poco tiempo al frente de la Jefatura del Estado bolivariano, y su griterío de mala actriz en hipócrita defensa de las “muy sufridas” mamás venezolanas, forman parte del patético guión elaborado por la corporación “pública” a la que, aunque le den varios tirones de orejas desde el exterior, le importa un carajo que la gente destrozada por la estafa socioeconómica en el borbónico país de la suprema vergüenza sepa que, desde un país allende los mares, hermano y antineoliberal, las cosas se pueden hacer hacer y se hacen de otra manera cuando la dignidad de los seres humanos cuenta más que las panzas de un puñado de fracasados y resentidos.

Naturalmente que hay problemas en Venezuela que serán resueltos paulatinamente. Lo que no se puede es sacar mediáticamente del cubo de la basura el listado de deficiencias y lacras arrastradas que, precisamente, nunca criticaron ni denunciaron los que en este momento fingen preocupación por el curso de los acontecimientos en la Patria de Bolívar.

Claro, ya no gobiernan allá los que dirigían una nación exportadora de petróleo barato para el Primer Mundo o de culebrones vulgares estimulantes del marujeo hispano-europeo.

Lo que resulta más sangrante es que si en el Estado español llevamos años con propaganda sanitaria y hospitalaria acerca de lo recomendable que es dar la teta a un infante en vez de hacerle chupar tetina de biberón, están haciendo el ridículo máximo los cantamañanas/tardes/noches que infectan ondas hertzianas, en el caso que he destacado, con palabrería panfletaria que está pidiendo con desesperación una picota perpetua para los responsables de la viperina desinformación masiva.

Antes de que se me olvide: podemos depositar otro mojón, esta vez en la boca de cierta multinacional suiza famosa por sus chocolates, porque la misma tiene demasiado que ver con la nueva campaña internacionalizada de desprestigio en contra del proceso que un gran país caribeño y andino inició cuando Aznar en España daba sus primeros pasos como enfant terrible de una derechona que todavía no podía hacer todo lo que diera la puñetera gana.

¡Al puto carajo el capitalismo que da por saco con su “libertad de expresión”!

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