¡Cuánta miseria moral bajo tanta opulencia y tanta ostentación!
¡Cuánta miseria moral bajo tanta opulencia y tanta ostentación!

El dictador de Catar ha abdicado en favor de su hijo, quien ya ha dicho que va a seguir enviando armas a los cipayos en Siria, que es lo único que le importa a Occidente.

Todos los medios corporativos occidentales están entusiasmados con el emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al-Thani, de 61 años, por haber decidido magnánimamente echarse a un lado a beneficio de su hijo, el heredero forzoso Tamim bin Hamad al-Thani, de 33.

A propósito, este grupo abigarrado de oportunistas enaltecidos por Doha, conocido como el Consejo Nacional Sirio, se sumó debidamente al vitoreo afirmando que el relevo “marca nuevos rumbos y no tiene precedentes”. Y, por favor, sigan comprando y enviándonos armamento pesado, junto con esos otros representantes de los Amigos de la Destrucción de Siria.

En la actual fase de globalización estilo Mad Max del poscapitalismo las relaciones públicas son todo y la Casa de Thani destaca en las relaciones públicas, debidamente expresadas en inglés. Bajo la alfombra (persa) está el hecho de que Qatar es una petromonarquía wahabí lejos de ser “moderada”, gobernada como una resplandeciente colonia feudal, con solo 200.000 cataríes en una población total de 1,9 millones de personas.

No hay ni que pensar en que trabajadores manuales de Somalia a Pakistán y de Nepal a Bangladesh obtengan la ciudadanía catarí, además de que no pueden partir sin un “permiso de salida” de su empleador. Ni hablar de que tengan prestaciones de seguridad social. A propósito, una deuda de gratitud: todos los antes mencionados son mis informantes de la vida real cada vez que visito Doha. Y ni siquiera mencioné los detalles de Amnistía Internacional sobre la flagelación como política estatal (especialmente contra extranjeros) para castigar el consumo de alcohol y “relaciones sexuales ilícitas”.

Lo impresionante es que el nuevo emir (estudiante de escuelas privadas con un inglés impecable y que ya tiene dos esposas “consumadas”) sea calificado de “pragmatista” [sic]. Y por supuesto es “uno de los nuestros”, porque fue educado en la academia militar Sandhurst de Gran Bretaña (en uno de esos programas falsos que realizan para árabes acaudalados).

El “pragmatista” será juzgado por la “potencia occidental” real y muchas otras menores según cómo cumpla las órdenes de Occidente. Abrir el camino para que la OTAN bombardee Libia hasta convertirla en Estado fallido: bien. Armar a los rebeldes sirios: muy bien. Montones de dinero y apoyo para la Hermandad Musulmana en todas partes: peligroso. Apoyo para Hamás en Gaza: imposible. Una oficina para los talibanes afganos en Doha: problemático, especialmente si los talibanes la utilizan para expandir su red de donantes en el Golfo.

Rescate de algunos de los mayores bancos de Occidente: excelente. Vendernos caravanas marítimas de buques cisterna repletos de gas natural licuado: espléndido. Albergar a Centcom en la base aérea al-Udeid: un imperativo estratégico. Estar en la primera línea contra la “amenaza nuclear de Irán”: un deber. Recibir a la Copa del Mundo 2022 bajo el calor abrasador: abarrotar todas esas arenas con aire acondicionado.

Construir el Shard en Londres (el mayor rascacielos de Europa) y comprar Harrods, Valentino, un 26% de Sainsbury’s, un 12,8% de Tiffany’s, un 20% de BAA, propietaria del aeropuerto Heathrow, acres de bienes raíces de primera en Londres y París: no nos importa.

Resumiendo: los británicos y los franceses, particularmente, seguirán estando encantados por el nuevo emir porque, después de todo, no cabe duda de que Qatar es adinerado.

La mamá lo sabe mejor

Y luego tenemos a la mamá, la formidable jequesa Moza, debidamente saludada por Occidente como “campeona de los derechos de las mujeres”, no simplemente por su derecho a ir de compras hasta desfallecer como jefa no sólo de la Fundación Qatar (comprometida con la “emancipación y educación de las mujeres árabes”) sino también del fondo de inversiones Qatar Luxury Group. Hablemos del poder detrás del trono.

El jeque Tamim, heredero forzoso durante casi una década, luce una fascinadora contradicción. En Doha se le considera el principal impulsor del posicionamiento de Qatar como centro global. Al mismo tiempo ha diseñado la estrategia política exterior oficial de Qatar, que es alinearse por doquier con todo lo que tenga que ver con la Hermandad Musulmana. No es sorprendente que la Casa de Saud simplemente lo deteste. Los observadores debieran comprar entradas de primera fila para observar la próxima pelea de gatos entre el nuevo emir y una Casa de Saud dirigida por el muy anciano y apenas alfabeto rey Abdalá de 88 años. Siria es un escenario privilegiado respecto a qué facciones obtendrán cada vez más armas letales.

Otro argumento secundario que se saboreará es el futuro del primer ministro saliente y ministro de Exteriores, el anglófilo jeque Hamad bin Jassim, también conocido como HBJ. Es un gran apostador.

Todos en Doha saben que HBJ se irá a Londres, como residente del penthouse [ático] de las Mil y Una Noches (al estilo de Las Vegas) en One Hyde Park, el edificio residencial más caro del planeta. HBJ estará dirigiendo de cerca el multimillonario fondo de riqueza soberana, Qatar Investment Authority (QIA). Después de todo, nunca lo abandonó; siempre ha sido el director ejecutivo de QIA, que hasta esta semana estuvo presidido por Tamim. QIA no revela información financiera. Y el criterio de inversión “diversificada”, que incluye Europa, Asia y los mercados emergentes, no es transparente.

¿A quién le importa? ¿Y a quién le importa que se trate del feudo absoluto de la familia al-Thani desde mediados del siglo XIX? Todos quieren ir a Qatar. La población se ha duplicado en seis años: actualmente asciende a 1,9 millones de personas y va en aumento. La esperanza de vida es de 78 años, a la par con EE.UU. Se enorgullece de tener el mayor PIB per cápita del mundo, de más de 102.000 dólares (cifra de 2012) y va en aumento; bueno, mientras no se sea un trabajador del sur o el sudeste de Asia que trata de ganarse la vida trabajando duro. No hay impuesto a la renta. Está libre de la Primavera Árabe, en realidad libre de protestas al estilo de Turquía o Brasil. ¿Democracia? No; el fin de la historia 2.0. Ojalá todo el planeta fuera un inmenso Qatar.

(Asia Times Online. Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens. Extractado por La Haine)

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