trabajo

Desde el próximo lunes, 8 de julio, casi dos millones de personas pueden perder sus derechos laborales porque caduca la prórroga automática de las condiciones de trabajo básicas disfrutadas, si ese día no hay un convenio nuevo firmado entre los trabajadores y la empresa. Estos trabajadores pueden perder en ese momento todos sus derechos adquiridos, como salario, jornada de trabajo, categoría laboral o complementos, puesto que en ese momento no tendrán un convenio nuevo.

La prórroga automática de los derechos laborales básicos se esfumó (“la esfumaron”) con la reforma laboral del pasado año 2012, que dio doce meses de plazo para aplicar ese decaimiento automático de los derechos de los trabajadores que no tengan en vigor un convenio colectivo. Hasta la reforma laboral la prórroga de los convenios, y, por consiguiente, sus garantías, no tenía límites.

El acuerdo firmado por los sindicatos y la patronal el pasado día 23 de mayo para dar salida a los convenios pendientes está teniendo un cumplimiento que deja demasiado que desear. Ese pacto insta a que en aquellos convenios colectivos en que se haya detectado un bloqueo se recurra a los mecanismos de solución autónoma de conflicto, o bien a acordar una prórroga para continuar negociando a partir del ocho de julio.

Hay muchos sectores y empresas donde hay conflicto, por más que la patronal diga que no está preocupada por la muy probable tensión venidera. Existen empresarios oportunistas, por no decir logreros, que quieren fijar unos derechos inferiores y precarios para hacer “más competitivas” sus empresas.

Esto no es otra cosa que el avance aparentemente imparable de la contrarreforma ultraneoliberal pepera que, pese a la “indignación” manifestada por las centrales sindicales conchabadas con la casta política hegemónica (UGT, CC.OO.), no ha encontrado hasta la fecha importantes obstáculos a su paso. Las máximas instituciones financieras internacionales abusan de su cinismo cuando “regañan” al Estado español por su altísima tasa de desempleo, ya que siguen exigiendo más ajustes contra trabajadores, parados, sectores de la población en general más vulnerables, y sin que se tema por parte de los que imponen sus recetas de austeridad un estallido social a la vuelta de la esquina, como quien dice.

En nombre de la mayor productividad, espíritu de competencia y eficiencia, el papel del Gobierno español, maniatado directamente por Berlín, se reduce a defender la flexibilidad laboral (semiesclavitud y presión sobre los salarios a la baja), la maximización obscena de los beneficios de las grandes unidades de producción, y, en definitiva, la polarización aumentada (con tendencia a la brutalidad) entre clases.

El poder de ricos y ladrones atenta constantemente, año tras año, contra la materialización de una democracia que no llegará hasta que la conquista institucional de las masas de obreros y desempleados reservistas sea un hecho evidente, fruto de la organización en que desemboca la consciencia de explotada con recochineo de la inmensa mayoría de la sociedad. Lo repetiremos porque no es una verdad caduca.

Y lo que no se consiga por las buenas, tendrá que hacerse por las malas. De algún modo ya expresó esta conclusión el mismísimo JFK cuando expresó que los que hacen imposible una evolución pacífica harán inevitable una revolución violenta.

¡Salú!

democracia-lucha obrera

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