lula-bandera brasileña

Dicen que Lula es, por encima de todo, un político, mientras que Dilma es, más que política, economista o economicista. El análisis de aquél es un tanto curioso y, desde luego, cargado de optimismo. Si bien es cierto que el capitalismo pragmático del anterior mandatario brasileño inauguró una época discretamente posneoliberal en el país más extenso de América Latina, y uno de los de mayor crecimiento económico, el modelo implantado ahí no es tan humanista como el venezolano o el ecuatoriano en lo relativo a soluciones sociales de extrema urgencia en demasiados casos.

Pero Luiz Inácio opina que es mucho el camino recorrido y que las demandas masivas actuales se sustentan en un deseo lógicamente creciente de un estándar de bienestar superior. Esto contiene algo de verdad, y no sólo es constatable en Brasil. El paso de excluido total a una clase próxima a una situación acomodada tiende a aburguesar a un sector de la población que mira más por su subida de estatus que por la solidaridad y la justicia generalizada. Mas todo esto no quita que sin una búsqueda sincera de sociedad nueva basada en y orientada al socialismo, la República Federativa del Brasil no tendrá gobiernos de izquierda creíbles y sí repuntes oportunistas de derechas que sí tienen muy claro qué rumbo marcar en beneficio de élites que no quieren compartir nada con las inmensas mayorías.

AVN y Prensa Latina nos cuentan lo siguiente:

El ex presidente de Brasil, Lula Da Silva, manifestó su apoyo a las protestas de los movimientos sociales registradas en su país y destacó que estas manifestaciones son la expresión de la gente que demanda más conquistas en el país suramericano.

“Que vivan las protestas, así se arreglan las cosas; es preciso mejorar la salud y muchas cosas más”, resaltó el ex mandatario en un seminario denominado Brasil en el mundo, una nueva política exterior, celebrado la víspera en la universidad Federal ABC en Sao Paulo.

Lula explicó que, a diferencia de Europa, donde los ciudadanos se movilizan para no perder servicios básicos, en Brasil las manifestaciones se dan para pedir más salud, educación y más inversión en sectores sociales.

Durante su declaración, Lula se mostró contrario solo a la posición de los jóvenes de rechazar la política y los partidos.

“La peor cosa que puede ocurrir en el mundo es que la gente rechace la política; no existe alguna experiencia en el mundo en que la negación de la política tenga un mejor resultado”, enfatizó.

Asimismo, expresó que las movilizaciones son el reflejo de éxitos sociales, económicos y políticos.

“Es completamente natural que los jóvenes, especialmente los que obtienen cosas que sus padres nunca tuvieron, deseen más, sobre todo instituciones públicas más limpias y más transparentes”, dijo.

El ex mandatario, quien gobernó entre 2003 y 2010, se une de esta manera a la presidenta, Dilma Rousseff, quien ha expresado su respaldo a las movilizaciones en su país y se ha comprometido a profundizar los cambios sociales que demanda la población.

Además, respaldó la propuesta de plebiscito hecha por Rousseff, quien ha pedido que se convoque una consulta popular para que la gente opine sobre temas importantes de la reforma política, que se pondría en marcha en 2104.

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