Da gusto reír a mandíbula batiente cuando del cuento se vive
Da gusto reír a mandíbula batiente cuando del cuento se vive

¿A qué coñ…, perdón, narices viene?

Emir Sader, Secretario General de Clacso, publicó en Página 12 su parecer respecto a la visita de Paco el Pontífice al Brasil (y en este momento, además). Antes de dejar reproducida en este blog la opinión del citado y bien conocido autor en el ámbito de la prensa alternativa, quisiera consignar que la necesidad de que el mundo progrese social y económicamente nada debe buscar en ningún Papa, haya nacido donde haya nacido. Esta gente de impecable blanco no sirve para mover el mundo, de hecho no lo mueve, ni para erigirse en voz autorizado de las causas de los desheredados de la Tierra. Si yo, andaluz, viese sentarse sobre la Silla de San Pedro a un personaje oriundo de mi propia nación (que no es la española, por supuesto), bajo cualquier apariencia, escondido bajo un repetitivo y adocenado discurso de concordia, justicia y amor, no me sentiría orgulloso de tener a un tipo así como paisano o compatriota.

Las revoluciones, imprescindibles, las hacen los de abajo a la izquierda, guiados por la razón, la indignación y la autoestima colectivas. Si son necesarios los liderazgos para una sólida organización, no cabe duda de que sobra cualquier vividor entronizado que se escuda soberbiamente en la espuria condición de Primer Ministro de Dios entre los demás mortales. Con Sumo Pontífice Romano el statu quo no cambia ni un ápice, mas sin la existencia y presencia de tan estrambótico ser ajeno a la democracia buena parte del mundo se verá libre de excesivos episodios provocadores de vergúenza ajena.

Ya los dejo con el texto de Sader:

Estaba en el programa del papa anterior, que el nuevo papa viene justamente a cumplir, la visita a Brasil. Es claramente parte de un plan del Vaticano para intentar recuperar el terreno perdido en las últimas décadas en el que es considerado el continente más católico del mundo.

El papa Juan Pablo II había tomado una decisión estratégica al alinearse con los Estados Unidos y Gran Bretaña, para protagonizar, junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la ofensiva final contra la URSS, para provocar el desenlace favorable al bloque imperialista en la Guerra Fría. Formó parte de eso, a través de la represión y el debilitamiento de la Teología de la Liberación, que podría haber sido la versión popular del catolicismo.

La fuerte ofensiva del Vaticano contra la Teología de la Liberación mató a la gallina de los huevos de oro del catolicismo y abrió el campo para todas las variantes evangélicas, que ocuparon el espacio que podría haber sido ocupado por la versión popular del catolicismo. En lugar de fortalecerse, la Iglesia Católica entró en una profunda –y probablemente irreversible– decadencia.

La visita del Papa a Brasil –considerado el país con más católicos del mundo– tiene como objetivo recuperar el espacio perdido en las últimas décadas, a contramano de las tendencias de debilitamiento de adhesión a las religiones y de la expansión de varias corrientes evangélicas.

Pero el Papa no trae ningún discurso atractivo, especialmente para las nuevas generaciones, mayoritarias en Brasil y en América latina. Más allá de la participación de una cantidad relativa de jóvenes durante su visita, nada indica que el Papa pueda recuperar prestigio y adhesión en Brasil y en nuestro continente. Sobre los temas que preocupan a los jóvenes y al mundo contemporáneo, el Papa no tiene nada para decir. Su discurso se revela conservador en lo que refiere a los temas básicos que interesan a los jóvenes y que podrían renovar el discurso de la Iglesia: el papel de las mujeres, el aborto y el divorcio, entre otros.

Hay una campaña publicitaria que intenta proyectar una imagen simpática del nuevo papa para contrarrestar la antipatía y la falta de atractivo del papa anterior. Pero nada más allá de su imagen.

Se esperaba que, como el nuevo papa es argentino, ya no vendrían dos millones, sino dos millones y medio de personas, pero estas previsiones ilusorias rápidamente naufragaron, y se habla ahora de menos de la mitad de eso y seguramente más del 90 por ciento será procedente de Brasil.

La visita del Papa tendrá un efecto instantáneo, sólo porque es producto de una campaña publicitaria para proyectar a algún líder conservador en un mundo en que los estadistas del bloque occidental –Obama, Merkel, Hollande, Rajoy y Cameron entre otros– tienen una imagen muy deteriorada. Pero a falta de un discurso atractivo –más allá de las apelaciones demagógicas y vacías sobre la miseria, la paz, la revigorización de la espiritualidad, etc.–, nada más se puede esperar de la visita del Papa, que se irá como vino, sin ninguna capacidad para fortalecer una Iglesia Católica brasileña con autoridades oficiales conservadoras e inexpresivas. La derecha conseguirá esporádicamente proyectar la imagen simpática del papa actual, sin ninguna injerencia en la situación de Brasil y de América latina.

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