Carromero, de parranda en parranda en espera de asaltar las Nuevas Generaciones

alcohol.

 

(Una interesante opinión publicada por Vozpopuli.com; la imagen adjunta, eso sí, ha sido elegida libremente por El Revolucionario Escarlata)

En su retiro de la Calle Mayor, número 71, las oficinas que acogen a los grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid, institución de la que él es asesor, está tranquilo y escondido, agazapado en la primera planta. Quizás porque le han recomendado que no se prodigue mucho por ahí, apenas se deja ver tomando el ascensor o subiendo y bajando las escaleras: el cabreo de los madrileños con Ángel Carromero, el asesor que cobra 50.000 euros anuales, sigue latente, especialmente por mantenerle Ana Botella el cargo en Cibeles tras viajar a Cuba en verano de 2012 enviado por Nuevas Generaciones, la rama juvenil del PP. Regresó de la isla en enero, después de cuatro meses en la cárcel y dos disidentes fallecidos accidentalmente en el coche que él conducía.

Aunque ha recibido el apoyo de los familiares de los fallecidos, Oswaldo Payá y Harold Cepero, y de la lideresa Esperanza Aguirre, y alimentado una rara teoría de la conspiración sobre su accidente que no tiene visos de prosperar, a muchos ciudadanos capitalinos, sobre todo a los funcionarios, les duele que Carromero, licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (fuente: Wikipedia) colocado a dedo, gane más que ellos en plena ola de recortes, paga extra incluida. Al poco de volver de Cuba y recibir el tercer grado que le permitió recobrar la libertad condicional, el asesor recuperó su puesto, cargo de confianza de la concejala del distrito de Moratalaz, Begoña Larraínzar, pero fue frecuentemente abucheado en varios actos por indignados. Así que Botella lo envió a Calle Mayor, 71, entre la Puerta del Sol, Ópera y el Palacio Real, puro Madrid castizo. Y allí Carromero espera, paciente, su momento.

Su momento podría ser el asalto a las Nuevas Generaciones de Madrid, lideradas por Pablo Casado, aguirrista de pro, 33 años y dos hijos. Demasiado mayor. Quiere Carromero, 28 años, aprovechar el trampolín de la conspiración de La Gavina, provincia de Granma, donde, según las autoridades cubanas, el coche se salió de la calzada y se estrelló por exceso de velocidad. Pero no quiere despertar demasiado ruido: no lo ha hecho desde que llegó, aireando su teoría del accidente solo en medios extranjeros y evitando a la prensa autóctona.

Esperar, esperar y esperar. Carromero espera: se supone que asesora al grupo municipal (al que las encuestas sitúan en una horquilla de voto inferior al 30% tras el 50% conseguido por el PP en las pasadas elecciones municipales).

Donde se deja ver es en los actos del partido, incluidas las jaranas que se pegan los cachorros populares en la capital, muchas en discotecas alquiladas, y también en localidades y pueblos de la Comunidad. Él, joven disciplinado que no entraba en las quinielas de ascenso, ha cobrado una relevancia importante desde el accidente, especialmente tras las palabras de Aguirre en su defensa. Lo saben los carromeristas. Sigue siendo vicesecretario general de Nuevas en Madrid, y es el cuadro de las juventudes del PP más famoso de España, mucho más que la presidenta de la organización, Beatriz Jurado. De él sus compañeros -los hay desde amigos y simpatizantes hasta acérrimos enemigos tanto de él como de la imagen que desprende- coinciden en que le van el mambo nocturno y las copas, que en eso el chaval no ha cambiado una vez se hubo recuperado de su dantesco episodio en el Caribe. Le va el ron cola.

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