la flor arelis

(Para la comadre Arelis Laffita Cala)

 

Endulzaron unas manos caminos de Mesoamérica, entre insectos con pétalos,

sobre flores aladas bajo el fresco calor del alba de nobles labores.

De humildad se hizo la sonrisa que alivia el dolor de quien más llora su grave abandono;

vivir se basa en eso: en recibir el abrazo venturoso de vocación de amor en selvas impenetrables.

Gozar se apoya en esto: en volver a la vida bajo mirada atenta de corazón puro de ciencia, magia y sabiduría.

 

Sintiéronse los pies del hada oscura de níveas intenciones que el humanismo ampara,

por encima de tinieblas absorbidas por cariño alérgico a las sucias uñas de la avaricia.

Sin interés se modela el solidario libro, de páginas abiertas a un mundo aún opuesto a darse sepultura;

escriben sus hojas el bisturí heroico, de soldados sin turbia sangre en milagrosos dedos.

 

Placer es respirar consolados gracias a virtud sin medida, a recompensa de un deber sagrado de justicia.

Presencia arelisiana imprimió sus señales de compromiso, hechas a fuego lento de paciencia forjada

tras años de retorno a preciosas raíces, de las que mana sangre de  grandeza inmarchitable.

 

Bendecido un territorio por la piel que no se apaga,

soplos hospitalarios abanican el valle que desde un alto paraíso ante los pobres desciende,

y hacia la gloria se dirige la voz incombustible que con su hálito sana.

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