Luis Cernuda, el poeta de la Generación del 27 más insobornable y el que mejor escribió sobre el amor, el deseo, la soledad y el sufrimiento, murió el 5 de noviembre de 1963, hace 50 años, en México, donde se exilió tras la Guerra Civil y después de pasar por Inglaterra o Estados Unidos.

Luis Cernuda, uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, será homenajeado en el 50 aniversario de su muerte con varios actos, y la edición de un libro.

“Leve es la parte de la vida/ que como dioses rescatan los poetas” es uno de los versos del poema que Cernuda dedicó a su amigo Federico García Lorca, al conocer su muerte, y es el verso que servirá de título para la antología que rinde homenaje al poeta sevillano. Ochenta poetas se han reunido para dedicar sus versos, en su mayoría inéditos, a la memoria de Cernuda. La obra, editada por La Revista Áurea en colaboración con la Editorial Polibea, reúne las firmas de Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Francisco Brines, Jaime Siles, Juan Carlos Mestre, Andres Trapiello o Almudena Guzmán, por citar tan sólo algunos. Tampoco faltan las colaboraciones hispanoamericanas, con autores como Juan Gelmán, e incluso de otros ámbitos literarios, como la de la Nobel alemana Herta Müller, o el francés Yves Bonnefoy.

Además, se han preparado dos homenajes: el primero en el Ateneo de Madrid, y el segundo en el de Sevilla, su ciudad natal. Durante el acto, se proyectarán imágenes inéditas del autor, y se escuchará la voz del poeta.

Luis Cernuda es uno de los nombres más destacados de la poesía española. Marcado por el rechazo y la incomprensión -“Disgusto a unos por frío y a los otros por raro”, cantaba en su poema ‘A un poeta futuro’-, su difícil carácter no contribuyó a situarle entre los autores más populares de la generación del 27, en la que se encuadra por su amistad con Lorca o Manuel Altolaguirre. Hubo de marcharse de España, “Un país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto”, escribía en Desolación de la Quimera, debido a su implicación con la causa republicana, y recorrió un largo periplo por Glasgow, Cambridge, Oxford, para después cruzar el Atlántico y establecerse, primero en Estados Unidos, y después en México, donde murió.

Sin embargo, la figura de Cernuda y su importancia literaria no ha dejado de crecer. Fue fundamental para la generación de los años 50: desde Jaime Gil de Biedma a José Ángel Valente, los poetas españoles no han dejado de reivindicar a Cernuda como uno de los maestros.

En un primer momento más cercano al surrealismo, Cernuda exploró después las posibilidades de una poesía de verso largo, reflexivo y salmódico, inédita en la tradición española. De hecho, tanto por forma como por contenido, se suele emparentar con los grandes románticos europeos, como Friedrich Hölderlin, del que fue traductor, o con renovadores de la lírica anglosajona, como T.S. Eliot.

 El Revolucionario Escarlata ha seleccionado uno de los grandes poemas del autor homenajeado, que reproduce:

Un muchacho andaluz

Te hubiera dado el mundo,
muchacho que surgiste
al caer de la luz por tu Conquero,
tras la colina ocre,
entre pinos antiguos de perenne alegría.

Eras emanación del mar cercano?
Eras el mar aún más
que las aguas henchidas con su aliento,
encauzadas en río sobre tu tierra abierta,
bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de
rotos resplandores.

Eras el mar aún más
tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo;
eras forma primera,
eras fuerza inconsciente de su propia hermosura.

Y tus labios, de bisel tan terso,
eran la vida misma,
como una ardiente flor
nutrida con la savia
de aquella piel oscura
que infiltraba nocturno escalofrío.

Si el amor fuera un ala.

La incierta hora con nubes desgarradas,
el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa,
la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos,
te enviaban a mí, a mi afán ya caído,
como verdad tangible.

Expresión amorosa de aquel mismo paraje,
entre los ateridos fantasmas que habitaban nuestro
mundo,
eras tú una verdad,
sola verdad que busco,
mas que verdad de amor, verdad de vida;
y olvidando que sombra y pena acechan de continuo
esa cúspide virgen de la luz y la dicha,
quise por un momento fijar tu curso ineluctable.

Creí en ti, muchachillo.

Cuando el amor evidente,
con el irrefutable sol del mediodía,
suspendía mi cuerpo
en esa abdicación del hombre ante su dios,
un resto de memoria
levantaba tu imagen como recuerdo único.

Y entonces,
con sus luces el violento Atlántico,
tantas dunas profusas, tu Conquero nativo,
estaban en mí mismo dichos en tu figura,
divina ya para mi afán con ellos,
porque nunca he querido dioses crucificados,
tristes dioses que insultan
esa tierra ardorosa que te hizo y te hace.

Obras completas:

1927.- Perfil del aire
1928.- Égloga, elegía y oda
1929.- Un río, un amor
1931.- Los placeres prohibidos
1933?.- Invitación a la poesía
1934.- Donde habite el olvido
1935.- Invocaciones
1936.- El joven marino
1936.- La realidad y el deseo
1943.- Las nubes: (1937-1938)
1942.- Ocnos
1947.- Como quien espera el alba
1949.- Vivir sin estar viviendo
1948.- Tres narraciones
1952.- Variaciones sobre el tema mexicano
1953.- Estudios sobre poesía española contemporánea
1956.- Con las horas contadas
1957.- Poemas para un cuerpo
1958.- Pensamiento poético en la lírica inglesa: (Siglo XIX)
1960.- Poesía y literatura. I
1962.- Desolación de la quimera
1964.- Poesía y literatura. II
1965.- La realidad y el deseo
1970.- Crítica, ensayos y evocaciones
1985.- La familia interrumpida

(La fuente básica consultada ha sido Elimparcial.es)

 

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