j.gelman

La palabra oral se agita en las páginas de Gelman, quien sigue vivo, estará vivo en los corazones bibliotecarios de victorias crecidas con el lenguaje no vendible.

Puede que a través de los sueños la promesa cumplida de haber pasado por periódicos de lucha se haga realidad repartida en voces populares de castellana lengua; o de lengua hecha masa no informe de pueblos que escriben hablando a viva voz sin descanso.

No se nos hace larga la espera, porque consagraremos vidas tan inquietas como imperturbables a recuperar cada fragmento del cristal de espejo en que se refleja el nombre de cada enérgico poeta frente a los embates del Fascio.

Que segaderas seccionen la muerte del amante del odio destructivo de su miseria moral. Que mazas no de heréticos cincelen la figura de un libro inmenso, en que numerosos Juanes firmen con sangre blanca las montañas nacidas de los abismos. Que el pincel que se hace pluma deje la mano tendida hacia la paz concertada con la lucha anticohecho.

La familia anida en la mente torturada del hombre anciano, joven de espíritu, sereno con furia de justicia, viejo, que no ajado, grito de denuncia en el crepúsculo digno de la existencia. Hallazgos de respiración latida tienen nombre de nieta, criatura que encuentra la primavera en alba uruguaya de nueva fuente.

La verbalidad redactada es hálito del viento que reparte plasma inflamado en forma de sol con lluvia; el sollozo que es celebración de trayectoria tan sólida como entrañable. No desapareció el que plantó piedrecillas en la calzada de las sombras y las luces. Sobre ella caminarán generaciones de grafemas y blasones, cantados desde México por mundos.

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