el fascismo rajoyano

— Entrevistadora: Señor Rajoy, antes de comenzar la interviú, debo preguntarle una cosa: ¿es usted consciente de que sus palabras concedidas a nuestra cadena podrán ser tenidas por ejercicio de propaganda del tipo autobombo?

— Mariano Rajoy: Sin duda, dada mi inmensa popularidad. Ése es mi único propósito tras mi presencia en este estudio de televisión.

— E: ¿Le parece dramática la situación del desempleo en el país? ¿Será tanto eficaz como eficiente la reforma fiscal anunciada por su Gobierno?

— M.R.: Respecto a su primera pregunta, he de confesarle que la tasa de paro laboral en España la considero extraordinariamente exitosa. No creo en el derecho al trabajo, sino en el mercado de trabajo. Con todos los respetos, creo que hay que ser muy imbécil para pensar que no me agrada la idea de que, ante la desesperación, los demandantes de empleo decidan sacrificar sus derechos y ofrecerse como esclavos, generando con ello menos costes a las empresas que lleguen a contratar sus servicios.

En cuanto a la reforma fiscal, me resulta lógico al máximo que la imposición indirecta asfixie a los individuos y las familias de menores recursos, que son los más propensos marginalmente a consumir y, por tanto, los que tienen menos capacidad de destinar la mayor parte de su renta, o una proporción considerable de la misma, al ahorro.

— E: Queda todo sobradamente claro, señor Presidente. Me está encantando esta entrevista. Y a mis jefes, ni le cuento. Hablando de otro tema: ¿le preocupa a usted en realidad el referéndum en Cataluña y el independentismo catalán?

— M.R.: Francamente, me importa un berberecho en vinagre de manzana. Soy nostálgico del Gran Caudillo y digno heredero biológico de su magna obra. España es una, grande y libre, la Constitución, cuando me conviene, es un clon de las Sagradas Escrituras, y como los catalanes se pongan muy tontos, les suelto unos tanques por las principales avenidas urbanas y aquí paz y después gloria.

— E: ¿Le jodió mucho la derogación de la Doctrina Parot? ¿Apuesta junto a ETA la solución pacífica al conflicto vasco?

— M.R.: Me fastidió mucho, no quiero emplear ningún término soez para referirme a este hecho. Los derechos humanos, desde mi modesto punto de vista, son ultraderechos. El terrorismo es lo que a nosotros nos parezca tal cosa. Somos contrarios a la autodeterminación de los pueblos, al diálogo constructivo y a una desaparición de la organización etarra que no pase por una brutal represión y por un hundimiento innegociable de la izquierda abertzale, cuya existencia, más o menos revolucionaria, es lo que de verdad nos pone de los nervios y detestamos.

— E: ¿La Infanta Doña Cristinísima de Borbonísimo es inocente? ¿Debe hacer el “paseíllo” en dirección a los Juzgados de Palma de Mallorca?

— M.R.: Por supuesto que es inocente. Y si no lo fuera finalmente, igualmente lo sería. No puedo decir lo mismo de cualquier ladronzuelo común o de alguien que come un contenedor con motivo de esas manifestaciones antiespañolas que tanto se prodigan sobre nuestro solar. Me siento obligado a admitir que hay un visceral odio a la Monarquía en nuestra querida y pujante España. Mas de nada servirá, porque toda la campaña mediática contra Su Majestad Don Juan Carlos I sólo sirve para el refuerzo de la institución monárquica en la persona de su sacro hijo, Su Alteza Real el Príncipe de Asturias.

Y si de paseíllos estamos hablando, prefiero los taurinos, que tienen cuernos y no coronas ni cetros. ¡Viva la tauromaquia, orgullo de la española idiosincrasia y la mejor imagen de nuestra Patria de cara al resto del mundo!

— E: ¿Piensa usted, señor Rajoy, destituir a Ministros como los señores Montoro, Wert o Gallardón?

— M.R.: Ni en sueños, puede usted jurarlo. El primero que me nombra es un genio de las finanzas, el segundo un reformador audaz y más que ilustrado, y el tercero es uno de los mejores moralistas que yo haya conocido.

— E: ¿Se refiere especialmente a la polémica Ley del Aborto?

— M.R.: Desde luego. Me indigna que un sector de la sociedad no entienda que el supuesto derecho de la mujer a parir no es más que una obligación, porque lo ordena la Santa Madre Iglesia. De destruir con el paso del tiempo las vidas de los que fueron forzados a nacer ya nos encargamos los buenos gobernantes españoles, siempre que ello sea conveniente al mantenimiento del sistema.

— E: Adoro su claridad meridiana, señor Primer Ministro. Para finalizar, quisiera que resumiese usted con brevedad cómo define su gestión y la del resto de los integrantes del Gobierno desde la victoria electoral de 2011?

— M.R.: Lo que todos ustedes ya han conocido y conocerán hasta 2015, como mínimo, es la muestra mayor de que cuanto peor lo pase un número gradual de personas y colectivos en nuestra Nación pura e indivisible, más incuestionable debería de ser que la élite representada políticamente por el Gobierno del Partido Popular se está poniendo las botas a lo grande. ¡Ah!  Además, el señor Obama me ha enseñado nuevas fórmulas para rendirle pleitesía. Lamento que no me enseñase alguna técnica para olvidar el apellido “Bárcenas”.

— E: Mil gracias, señor Rajoy, por esta sincera entrevista que, sin dudas, marcará un antes y un después en la historia de la comunicación audiovisual.

— M.R. Muchas gracias a usted, por hacerme tan bien la pelota, entre otras cosas. Y que viva la libertad de prensa.

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