P.H.

La candidatura de “Podemos” recuerda a la de Obama, y no sólo por el lema copiado que a su vez usó el canal Cuatro para animar a la selección española de fútbol, también porque entre sus filas hay numerosos personajes que apoyaron la intervención de la OTAN en la invasión imperialista en Libia o el intento en Siria. Ya avisaba Fidel Castro de que el trotskismo es un vulgar instrumento del imperialismo, y lo han demostrado incontables veces, como Izquierda Anticapitalista, que va de la mano con Iglesias en la candidatura.

También recuerda a la de Obama por las falsas ilusiones que genera, por el espejismo de democracia, por cómo sirve para canalizar parte del descontento de la clase obrera, por cómo promete conquistas imposibles bajo esos cauces. Por si fuera poco, también se parece porque los mass media le han hecho la campaña a su vocero Pablo Iglesias, llevándolo a incontables programas de TV para que exponga su discurso, más descafeinado que el de Felipe Gonzalez en la transición, para que exponga sus planes, igual de revolucionarios que los de Beatriz Talegón, la nueva cara del P$OE, a la que defendía Iglesias cuando la echaron de una manifestación contra los desahucios de los que su partido es un responsable directo. Iglesias se sacó la careta ante muchos cuando defendió, como ha hecho otras veces, a una famosa militante de un partido que ha causado miles de muertes e inconmensurable sufrimiento a la clase obrera y al movimiento antifascista, por no citar la masacres imperialistas que ha apoyado como sus amigos trotskistas.

A Iglesias lo han hecho famoso y le han dado voz constantemente los mismos que gastan millones en propaganda anticomunista. Les interesaba un pacifista reformista para dar una imagen de pluralidad que no usara el discurso que de verdad temen los poderosos, el que pretende radicalizar las luchas y no apagarlas con votos, acatando no salirse de la legalidad burguesa que nos condena. ¿Por qué si no le iban a dar tanta cancha? A lo largo de la historia la burguesía siempre ha necesitado a la izquierda moderada para frenar estallidos; en Rusia los mencheviques seguían prometiendo conquistas electorales aun justo antes de la Revolución que impulsaron los bolcheviques.

Sí, aquí no estamos en un periodo revolucionario, pero eso no significa que no tengamos que organizar la futura Revolución y hemos de ver qué hace avanzar al movimiento revolucionario y qué lo hace retroceder. ¿Que no hay condiciones para hacer la Revolución? Pues se preparan y no será cosa de dos días. Luchas como las de Gamonal lo hacen avanzar, lo radicalizan. Vender mejoras imposibles como “Podemos” presentándose a unas elecciones europeas en las que la clase obrera no tiene interés alguno, porque sabe bien que nada cambiarán, lo hace retroceder. La resistencia en Gamonal ha demostrado que los pasos así son necesarios; ha hecho temblar al Ayuntamiento, que ha paralizado las obras definitivamente. Ha costado heridos y detenidos, pero ha merecido la pena con creces, pues aparte de conseguir su objetivo principal, ha concienciado a mucha gente y ha demostrado que la autodefensa no sólo es legítima, sino que es imprescindible para conquistar derechos. Las luchas serias cuestan represión, y si están dispuestas a seguir pese a ésta, pueden acabar venciendo, como en el caso de Gamonal. Esa resistencia es la que hemos de preparar y fomentar, la resistencia que no se ocupan en propagar desde “Podemos”, porque es demasiado radical para una candidatura absorbida por el régimen.

Aparte del bombo mediático que les han dado desde la TV, también han calado en mucha gente por lo mismo que calaron Obama o Zapatero: por la esperanza. Es normal que la gente necesite creer en cualquier cosa, en cualquier solución milagrosa a corto plazo, dada la grave situación que atravesamos. La fe ciega y la falta de análisis marxista lleva a agarrarse a cualquier clavo ardiendo por necesidad y no por argumentos de peso. De todas formas, gran parte de la clase obrera no cree en la izquierda domesticada aunque no hayan leído a Marx en su vida, pues llevan mucho tiempo demostrándoles con hechos que luchan más por poltronas que por ellos. Desgraciadamente, igual que no existen revoluciones pacíficas, no existen remedios milagrosos a corto plazo cuando se trata de combatir a un enemigo poderoso.

Como dijo el camarada Arenas, el comunista preso al que tanto desprecia Iglesias y al que el Estado hace la vida imposible y no le deja un solo minuto en TV: “pasito corto y vista larga”. Con el camino que “Podemos” ofrece no llegaremos jamás a la Revolución; con el que sabe que en este contexto no hay salida alguna en las elecciones y lucha en la calle para fortalecer y radicalizar el movimiento revolucionario, tardará pero un día llegará, no hay salidas milagrosas para mañana. Ni siquiera con un millón de votos podrían hacer reformas serias, la oligarquía no lo permitiría. Además sabemos bien qué hacen estos socialdemócratas con el poder, lo han demostrado sus hermanos de IU en Andalucía mano a mano con el P$OE, recortando a diestro y siniestro, o en municipios como Rivas, actuando de forma caciquil y corrupta.

Esta candidatura servirá para poco más que para aumentar más si cabe el ego de Iglesias y de sus colegas reformistas; el tiempo hará ver a muchos ingenuos que no pueden arrancarle al capitalismo ni unas reformas serias. Ni siquiera el programa de la candidatura, que no llega ni a limosna, podría ser aceptado por la oligarquía, que, armada hasta los dientes, evitará cambios importantes por las buenas. Por eso hemos de pelear por radicalizar el movimiento, para que un lejano día la insurrección por la fuerza sea posible; para que, mientras, vayan surgiendo más ejemplos como el de Gamonal, que sean pasos hasta la meta. En torno a esa premisa hemos de trabajar en multitud de frentes, para quienes preguntan: ¿Entonces qué hacemos?

Pues hay tantas cosas que hacer sin tirar un voto podrido y dar cuerda a los vendedores de humo…Necesitamos un partido revolucionario, organizaciones revolucionarias, no charlatanes más preocupados por su fama que en elevar el nivel de conciencia de las masas que tienen mucha más rabia que ellos, precisamente porque no son vividores y saben bien qué son las hostias del capitalismo que estos progres hasta tienen alergia a nombrar. Las masas tienen rabia y estos sólo les dicen que el PP es malo y que los voten a ellos; ¡qué manera de desaprovechar tanto potencial subversivo! Hoy está mucho más alejado de las masas presentar una candidatura así que la autodefensa con barricadas de Gamonal y, aunque no fuera así, seguiría siendo nociva la candidatura y útil lo segundo, pues si no fuera por “fracasos” pasados en la lucha callejera que dejaron ejemplo, Gamonal no habría vencido.

Algunos, para intentar justificar el vergonzoso reformismo de esta candidatura, lo maquillan diciendo que la PAH es reformista y no por eso está mal. Evidentemente la PAH tiene muchas cosas buenas pero no es lo máximo a lo que podemos aspirar. Aún así, no se puede comparar a un partido o a una candidatura con una plataforma. A un partido o a una candidatura se le debe exigir muchísimo más y cumple otro papel. Tampoco faltan los que llaman a la unidad abstracta de la izquierda como si pudiéramos unirnos con los que nos condenarán si necesitamos la autodefensa armada.

Ponen como ejemplo a la derecha unida, pero aunque en ésta tampoco cesen las disputas, se unen porque todos quieren capitalismo y apoyan a las fuerzas represoras que lo defienden con las armas. Sin embargo, en la izquierda los hay que no quieren socialismo y quieren convivir en paz con la burguesía, que jamás nos da ni dará paz. No faltan los que llaman a emular al Frente Popular que venció en el 36, pero en este frente había anarquistas y comunistas, se exigía la libertad de los presos políticos y confiscar la tierra a los grandes terratenientes, se respetaba el derecho a la autodeterminación de los pueblos, etc, mientras en “Podemos” o en IU tales exigencias brillan por su ausencia. La unión debe ser en torno a unos principios y objetivos mínimos, no con un batiburrillo insostenible.

Engels lo dejó claro:

“No hay que dejarse engañar por los gritos de «unidad». Precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones. Estos fanáticos de la unidad son hombres de cortos alcances que desean mezclarlo todo en una masa indefinida, a la que basta dejar que se sedimente un poco para que se exacerben aún más las contradicciones de todos esos elementos que ahora se encuentran metidos en un mismo puchero. Por eso, los sectarios más inveterados y los peores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad.”

No podemos unirnos con quienes de forma consciente quieren conducir al movimiento obrero a la sumisión electoral; hemos de denunciarlos como tanto hizo Lenin, que sabía bastante de cómo organizar una Revolución. Nos llamarán sectarios como se lo llamaban a él por ser firme en los principios, pero ¿acaso no son sectarios los reformistas por rechazar la lucha por el socialismo? Tal acusación es absurda y recurren a ésta ante la falta de argumentos para justificar una candidatura que parece el P$OE de los 80. No podemos dejarnos llevar por su cortoplacismo que no lleva a nada más que a escuchar las burlas de la burguesía y no su miedo. Nosotros no bromearemos en platós con los fascistas, como hace Iglesias (¿Qué debe hacer entonces cuando no hay cámaras?), que luego jamás invita a comunistas a su programa. ¿Quién es el sectario?

Nosotrxs plantaremos cara al fascismo en las calles y trabajaremos día a día para que surja otro Gamonal, otros golpes al Estado que hagan temblar a los poderosos, hasta que dentro de los años que hagan falta seamos tantos que podamos tomar el poder de la única manera que nos permiten: con las armas. Para que llegue ese glorioso día queda muchísimo trabajo, y sabemos que dentro de este trabajo jamás estará engañar a la clase obrera con falsas ilusiones que caerán por su propio peso, sino la lucha dura, la única que poco a poco dará sus frutos. Lenin desenmascaró hace un siglo a oportunistas como éstos; ¿qué mejor que recordar algunas de sus certeras citas con las que peleó contra los que hacían retroceder al movimiento revolucionario prometiendo conquistas pacíficas?:

“Si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por obtener mejoras y las utilizan para proseguir la lucha, más tesonera, contra la esclavitud asalariada. Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la falsedad del reformismo, utilizan las reformas para desarrollar y ampliar su lucha de clase.

Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en los obreros, menos fuerza tienen éstos, más dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a esta última anular con diversas artimañas el efecto de las reformas. Cuanto más independiente y profundo es el movimiento obrero, cuanto más amplio es por sus fines, más desembarazado se ve de la estrechez del reformismo, y con más facilidad consiguen los obreros afianzar y utilizar ciertas mejoras.”

“Reformistas hay en todos los países, pues la burguesía trata por doquier de corromper de uno u otro modo a los obreros y hacer de ellos esclavos satisfechos que no piensen en destruir la esclavitud. Los reformistas son los liquidadores que renuncian a nuestro pasado para adormecer a los obreros con ilusiones en un partido nuevo, abierto y legal.”

“El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital. Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero, se transforma, de hecho, en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia. La experiencia de todos los países muestra que los obreros han salido burlados siempre que se han confiado a los reformistas”.

“El pacifismo y la prédica abstracta de la paz son una forma de embaucar a la clase obrera para que no se rebele contra su opresor”.

“El reformismo significa en la práctica renuncia al marxismo y sustitución de esta doctrina por la “política social burguesa”.

Y, de regalo, otro varapalo a Pablito Iglesias por parte de Hasél de hace unos meses: Pablo Hasel responde a Pablo Iglesias (conductor del programa La Tuerka).

 

(Fuente consultada: Blog Conspiracionpirata)

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