fr. y juan c.

Tal día como ayer, de hace setenta y cinco años (el 1 de abril de 1939), a las 10 y media de la noche, y a través de la emisora RN, el locutor Fernando Fernández de Córdoba leyó el que sería el último parte de la mal llamada Guerra Civil Española, que fue realmente el principio y fortalecimiento de la continuidad de la agresión fascista contra los pueblos trabajadores del Estado español; dicho parte había sido redactado y firmado, horas antes, por Francisco Franco en la sede del gobierno del bando “nacional”/ naZional que él encabezaba, situado en el Palacio de la Isla (Burgos).

El texto del último parte decía lo siguiente:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
El Generalísimo
Franco (firma)
Burgos 1º abril 1939

Con este parte se ponía teóricamente fin a una muestra de barbarie que atacó, en una sociedad dividida en clases, a todos aquellos que no querían perder la oportunidad histórica que les brindaba el triunfo electoral del Frente Popular en febrero de 1936. El “bando” derrotado por las armas y otras atrocidades sufrió todo tipo de vejámenes por parte de aquellos que ganaron no moralmente y se creyeron en posesión de la verdad y la razón absoluta o, simplemente, sacaron en modo extremo a flote su temor visceral a la clase obrera, miedo oculto bajo el visible rostro de un odio despiadado.

Este blog no es equidistante, no pone al mismo nivel a los asesinos y a los que resistieron como pudieron la embestida antisocialista y anticomunista de las hordas de una Europa hipócrita y nerviosa ante los éxitos de la joven URSS. En 1936 el gran capital empresarial y financiero sufragó una sangrienta campaña que constituyó el preludio de la Segunda Guerra Mundial. 1939 no fue un desenlace, sino un comienzo, el de un monstruo que ha crecido desde entonces y que, hoy, en un marco de absoluta impunidad, de desprecio hacia las víctimas y de conservación esencial del entramado institucional franquista, se crece, y amenaza, descaradamente o entre líneas, con ruido de sables, de incensarios, de bofetadas patronales y de falsedad propagandística generalizada.

Esto es el Reino de España, señores, ayer con Francisco y hoy con Juan.

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