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La República Centroafricana es un país inmensamente rico en minerales; abundan en ella oro, uranio, cobalto y diamantes. Las codiciosas empresas transnacionales europeas, por encima de todas alguna que otra de domicilio mercantil francés, prueban nuevamente su doble moral política y diplomática cuando, con los beneplácitos del Consejo de la UE y del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, emprenden abiertamente una intervención militar neocolonial a nombre de la búsqueda de la seguridad en el país subsahariano y de la defensa de la población civil en peligro. Todo es válido si hay que saquear, obtener casi la totalidad de los beneficios de las explotaciones mineras; los daños medioambientales, por supuesto, son “cosillas colaterales”. Tampoco importa gastar una millonada en misiones bélicas cuando la Unión Europea se desangra socialmente.

Este guión nos lo sabemos todos del derecho y al revés. Miserables potencias del Primer Mundo, empezando por Estados Unidos, crean durante décadas de supuesta descolonización del Sur, de la periferia, caos, desestabilización, escenarios en que el injerencismo de las desarrolladas “democracias” han colocado y/o apoyado “dictaduras buenas” mediante respaldos soterrados a movimientos golpistas contrarios a gobiernos legítimos o con apariencia de serlo.

El Presidente centroafricano François Bozizé escapó el año pasado a la República Democrática del Congo, para desde allí solicitar ayuda tanto a Francia como a Naciones Unidas. El país de este tirano recibido en Bruselas por intereses económicos y comerciales vive sumido en una cruenta guerra civil, en que rebeldes tildados de “terroristas” por los grandes medios protagonizan desde entonces las noticias que nos llegan. Se habla ahora de recrudecimiento de la violencia conflictiva entre facciones religiosas en la agitada nación africana, pero no puede cabernos ninguna duda de que la bárbara UE pondrá todo de su parte para dividir y unir lo que haga falta con tal de hacerse con el riquísimo pastel por el que, cuando se calmen un poco las cosas, si es que eso es posible, pugnarán entre sí los supercarroñeros colonialistas e imperialistas que se hagan con el control fáctico del país y repongan o impongan Ejecutivos títeres dispuestos a hacer de virreyes de sus mandantes “liberadores”.

Veamos ahora la noticia publicada por las principales agencias de prensa:

El Consejo de la Unión Europea ha anunciado el comienzo de una operación militar en la República Centroafricana para ayudar a conseguir un “ambiente seguro” mientras se agrava la crisis en el país.

Según el decreto del organismo, se destinarán hasta 1.000 efectivos de las fuerzas EURFOR desplegadas en el Chad y la República Centroafricana para proporcionar “apoyo provisional para alcanzar un ambiente seguro en el área, con la perspectiva de la transferencia de control a las fuerzas de paz de la ONU o de socios africanos”.

Las fuerzas se desplegarán en Bangui, la capital de la república, mientras el mando operativo estará ubicado en la ciudad griega de Larisa.  

Las fuerzas se desplegarán rápidamente para asegurar un “efecto inmediato” de la operación.

La misión está “destinada a proteger las poblaciones en riesgo y crear las condiciones para la ayuda humanitaria”.

Los costes de la operación se estiman en 25,9 millones de euros para la fase preparatoria de la misión de seis meses.

La medida fue autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU.

La República Centroafricana está viviendo una grave crisis política y un aumento de violencia que se debe a enfrentamientos entre los cristianos y los musulmanes del país.

La situación en la República Centroafricana se ha deteriorado después de la victoria en las elecciones presidenciales en marzo de 2013 de Michel Djotodia, quien se ha convertido en el primer presidente musulmán en la historia de la república.

El 10 de enero de 2014, tras meses de fuertes enfrentamientos entre combatientes del grupo islamista Seleka y los cristianos de la organización Anti Balaka, el presidente interino del país y su primer ministro, Nicolas Tiangaye, presentaron su dimisión.

La cantidad de las personas desplazadas en el interior del país ha alcanzado las 637.000, según Fatoumata Lejeune-Kaba, la portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

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