fidel y gabo

 

 

fidel y gabriel

Gabo, o “El Gabo”, tuvo la coherencia ideológica de un hermano en la lucha como Juan Gelman y nunca una postura oportunista, traicionera y lacaya como la que adoptaron figuras como el desaparecido Octavio Paz y el pasado del aún vivo Mario Vargas Llosa.

El líder de la literatura universal contemporánea y el máximo exponente de la siempre triunfadora Revolución Cubana se conocieron en el célebre y decisivo año de 1959. Ya nada ni nadie desde entonces pudo quebrar una amistad nacida para ser irrompible. El propio García Márquez solía decir: “Hay que ser infiel, pero nunca desleal”.

El papel jugado en lo político por el magistral Gabo tuvo mucho que ver con su época de periodista de la agencia de noticias Prensa Latina, y, así, el gran escritor llegó a residir en Cuba, en compañía de su esposa, e hizo de confidente y hasta un poco de asesor sobre diversas materias de interés para dos hombres extraordinariamente comprometidos como Fidel y el afamado autor de “Cien años de soledad”. En México, lugar donde el Premio Nobel ha fallecido, García Márquez llegó a ser espiado por los servicios secretos de la nación azteca.

Dos excepcionales seres humanos que compartieron grandes cosas, tales como el amor a las letras y el análisis de cuanto afectara a la marcha de un convulso mundo, ayer no unipolar, hoy con el mismo criminal imperialismo que sabe que no ganará la última de sus batallas.

Fidel el Comandante ya es parte eternamente viva de la Historia. Su genial amigo (y cómplice, en el mejor sentido de la palabra) nos deja lo más inmortal que pude legar un ser humano: una obra literaria sobradamente reconocida y una dignidad imperecedera, fortalecida por la fidelidad a unas ideas que, como bien sabe quien nunca bajó del todo de Sierra Maestra, no se matan. Porque no se pueden matar.

Descansa en paz Gabriel, Gabo, Gabito. Los fascistas e imperialistas de siempre no perderán la oportunidad de mancillar un poco tu biografía, alegando falsedades sobre “colaboración con una tiranía” y otras estupideces alimentadas por fracasos y rencores de tradicionales enemigos.

Siempre fuiste libre, te has ido libre y volverás en corazón a nosotros cada vez que invoquemos el respeto y el amor a alguien como tú, alguien que nos conquistó con su saber hacer. Al igual que nos conquistó y reconquista el invencible León de las Antillas.

 

 

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