patio cordobes

 

Encarcelado entre tiestos donde el amor compite con la ciencia,

bebo las aguas de una calle, atrapada en el barranco de unas piedras

que juegan con flores en cal viva

de sueño y quejidos.

 

Perderse en el azul de una puerta,

fuerte competidora del firmamento sin nubes,

esa mar clara de impronta inconfundible,

libera el alma del poeta adherido a la noble telaraña de tu fuerza.

 

Que no hay fantasma con cadena

adormilado en tu vientre de sultana incorruptible

lo sabe hasta el Padre Río,

cuando bajo barquitas que lo surcan

mira hacia palomas y gaviotas de dulces aguas que vuelan.

 

Que no hay pasos extraviados en blancura sobre puentes

ni macetas enredadas en corazones de muerte

sábelo hasta la muralla que protege, encantada,

el descanso de sus hijos, de califal mirada.

 

¡Andalusíes de Mayo, volved los ojos al crisol de las culturas!

Puntas de estrella cortan ataduras que unían regusto amargo

con calurosas banderas que simbolizan manos,

manos de candelas que noche y día iluminan

universos sagrados, jamás profanados

ante el beso del visitante por tu conjuro amparado.

 

 

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