el circo del fútbol

Decía el genial escritor Jorge Luis Borges que el fútbol es universal porque la estupidez es universal.

De primeras, estas palabras pueden parecer ofensivas. Pero únicamente lo son si las descontextualizamos, porque una de las malas consecuencias de la globalización es el estímulo desenfrenado de aficiones, que devienen pasiones, por parte de los masivos manipuladores que son amos y señores de mentalidades a nivel mundial.

El fútbol como fenómeno de masas mueve al año millonadas ingentes que explotan la alienación y la frustración de demasiadas personas que se entregan por completo al pagano culto al balompié, un “bien” sustitutivo de otras religiones/”religiones” que prometen mucho pero convencen poco.

El caso español no es el único, aunque sí uno de los más significativos; más aún, y esto parece una paradoja, cuando lo que llaman “crisis” azota con saña año a año las vidas de los que quizás no sean conscientes de que son los ladrones de sus vidas y esperanzas quienes les piden paciencia frente al gravísimo problema, cuando no resignación.

Hoy es 24 de mayo, y no sólo en el Sudoeste de Europa están fijas las miradas que apuntan a un encuentro (medio) deportivo que tendrá lugar en la capital portuguesa: la Final de la UEFA Champions League. Y con dos equipos futbolísticos españoles enfrentados en un país vecino y hermano.

Metáfora todo de una suerte de cainismo de vieja data; sentimiento de fraternidad fracturado por el negocio del esférico. Se ha desvirtuado al máximo el origen de una actividad lúdica pensada para descargar tensiones entre rivales o adversarios fuera de un sangriento campo de batalla.

Los forofos del fútbol probablemente ignoren o no sepan explicar las razones o sinrazones de su devoción por un mundo aparte en que han convertido lo que nunca debió ser más que una simple afición.

Tal vez estas legiones de idólatras que prefieren pasar hambre a dejar de seguir casi como como muertos vivientes a sus equipos ni siquiera sean conscientes de que los clubes por los que llegarían incluso a morir llevan tiempo consolidados como sociedades mercantiles. enfermas con severidad de lucro, e instrumentos del voraz capitalismo que eleva el consumo por el consumo a los altares de la idiotez y hasta a los de la miseria moral.

Esto último lo menciono porque, a propósito del partido que esta jornada se jugará en Lisboa, hay aficionados, fanáticos, dispuestos a ofrecer sus coches de lujo (aquellos que los poseen, que no son mayoría) y sexo, lo cual constituye el colmo de la pérdida del más elemental sentido de la dignidad.

Está previsto que representantes de la muy mal gobernada y gestionada Comunidad de Madrid estén presentes en el palco del estadio de La Luz; se teme por agresiones entre los hinchas del Atleti y del Real Madrid, aunque éstos sean en algunos casos miembros de la misma familia nuclear; alguien que tenía que estar mañana en una mesa electoral se ha librado de hacerlo tras estimación de un recurso interpuesto por él mismo; las reventas de entradas han alcanzado cifras escandalosas; se han ofrecido fines de semanas playeros en Portugal, así como noches de hotel céntrico lisboeta, con tal de no quedarse sin entrar en el lusitano “anfiteatro o circo romano”; han salido a la venta bolígrafos que cuestan mil euros (¡Menudo “mileurismo” es éste!), y la ridiculez suprema ha demostrado que parece que las verdaderas penas sociales son las asociadas con los éxitos y con los fracasos de equipos colocados por encima de todo y de todos.

Todo vale por el deporte rey, por el astro que brilla más que Lorenzo. ¡Cuánta insolidaridad! ¡Cuánta escasez de cordura y de sensibilidad! ¡Qué manera más perversa de suicidarse lentamente, sumergidos/as en una bañera de oro líquido y miel que no es más que tapadera de basura!

¿Para cuándo las ganas de y las fuerzas para la Revolución Social? Para cuando dejen de desperdiciarse sentimientos, emociones y energías en la droga que por arruinar, arruina hasta el cerebro, sin el cual el corazón se desvanece.

O se ulcera definitivamente. He ahí el más peligroso de los riesgos que se corren.

¡Proletarios futboleros de todo el planeta, despertad de una puta vez, que no aprendéis!

¡Salud!

 

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