ovejas

1) Predicar a los cuatro vientos que la división entre derecha e izquierda está aquejada de una severa obsolescencia.

2) Afirmar que está completamente superada la concepción de la sociedad histórica como fundamentalmente de clases y con élites; de ahí el mensaje interclasista y lo de la “casta”.

3) Proclamar que los proletarios del mundo no deben estar unidos; dispersos o “aborregaos” son más manejables.

4) Sermonear acerca de que no hay población activa explotada y oprimida opuesta a oligárquica burguesía avara e insaciable: todos/as somos ciudadanos/as por encima de cualquier otra consideración.

5) Admitir que la obrerista Revolución de 1917 no es un referente a seguir, sino la muy burguesa Gran Revolución Gabacha de 1789.

6) Preconizar o permitir, pese a idealismos, que los cimientos del sistema no deben ser ni rozados, así que nada de expropiar realmente el gran capital, los monopolios y la banca.

7) Echar por tierra las conocidas nociones marxistas de “democracia” y “dictadura”, contraponiendo “modernización” a “revolución”.

8) Mencionar la palabra “izquierda” únicamente en la más estricta intimidad, no sea que espantemos al personal más gravemente infectado por la “demagogia de corte populista”.

9) Insistir en que eso tan trasnochado del imperialismo y de la Europa construida por y para los ricos es leyenda urbana y rural, de manera que emular a los trotskistas clásicos debe estar de moda rigurosa.

10) Declarar que el poder político es viable sin el económico: con este discurso y con esta actitud caballotroyanos los grandes medios te harán una publicidad de la hostia, la CIA te echará el ojo, se te lanzará el piropo de moderado y la decrépita Doña Socialdemocracia se habrá dado un baño del copón en la Fuente de la Eterna (y Penosa) Juventud.

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